Por Adriana Necochea, directora y socia de Sakkana Comunicaciones
Vivimos un momento atípico. El ánimo de muchos peruanos parece estar marcado por la ansiedad ante la incertidumbre de saber quién gobernará finalmente el país durante los próximos cinco años o, al menos, durante los próximos meses.
Esta es una de las situaciones en las que percibo mayor interés entre las generaciones más jóvenes. Si bien en las últimas elecciones no habían mostrado gran compromiso con la política, ahora se mantienen a la expectativa de los resultados.
Han dejado de lado los trends en redes sociales para convertir en una actividad principal, casi automática, la actualización de la web de la ONPE, con el fin de confirmar la diferencia de votos entre los candidatos.
La reinvención de la forma de consumir política
Uno de los principales canales que ha despegado en las últimas campañas electorales ha sido el entorno digital, específicamente las redes sociales como X —antes Twitter—, Instagram, TikTok, Facebook, Twitch e incluso Kick.
Esto ha cambiado por completo la forma en que se procesa la política, se informa y se conecta no solo con las nuevas generaciones. Los millennials, la generación X e incluso los baby boomers tampoco son ajenos a estos nuevos canales y se mantienen en interacción constante a través de sus teléfonos celulares.
La manera de informar ha virado. Ahora, todo se comparte de forma mucho más dinámica e inmediata, con un ciudadano empoderado que, en muchos casos, cumple el rol de un medio de comunicación. De acuerdo con un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), existe un fenómeno conocido como politigram: un ecosistema de humor político basado en memes que no parte de ningún partido político, sino de los propios usuarios.
Este fenómeno es interesante, pero también preocupante, pues la política se está procesando mediante memes, streamings, transmisiones en vivo, trends y diseños fáciles de consumir, la mayoría de veces en clave de entretenimiento. Esto supone un riesgo enorme, sobre todo si consideramos las fake news o la información falsa, que se ha potenciado con el uso indiscriminado y descontrolado de la inteligencia artificial, una tecnología que el usuario común aún no siempre sabe identificar.
Una elección polarizada y llena de promesas sin sustento
Mientras las redes sociales se inundaban de bites, memes y opiniones de usuarios empoderados, diversos gremios empresariales del sector privado observaban con suma preocupación los planes de gobierno de ambos candidatos, con propuestas débiles por falta de sustento técnico y viabilidad, especialmente en materia económica.
Desde Fuerza Popular, la narrativa de “orden versus caos” y la propuesta de destrabar grandes proyectos mineros y energéticos llamaron la atención de la inversión privada. Sin embargo, no se explicaron los detalles de implementación de la propuesta de tributación cero para las MYPE.
En el caso de Juntos por el Perú, la propuesta de elevar el sueldo mínimo a S/ 1,500 generó alertas sobre su impacto en los costos laborales y sobre cómo podría afectar a las pequeñas empresas, que representan una parte importante de la fuerza económica del país. Asimismo, plantear un fondo de S/ 15,000 millones para emprendedores, sin sustentar de dónde provendrían los recursos, restó credibilidad y seriedad a la propuesta. En ambos casos, se apeló a discursos de corte semipopulista.
La brecha entre viralidad y realidad
Las campañas electorales hoy entrenan a sus voceros para generar bites con potencial de viralización y un alto componente de humor. Lo preocupante es que el país que herede el próximo presidente no se gobernará con hashtags ni con memes elaborados por inteligencia artificial.
La tarea consiste en formar ciudadanos con criterio y, sobre todo, en que el sector privado exija claridad, evidencia y sustento técnico en propuestas que puedan materializarse. De lo contrario, la falta de viabilidad de las políticas de Estado será el verdadero obstáculo para el desarrollo económico del Perú.