“Tu mentalidad tiene que ser aprender para emprender”, afirma Flavio Gálvez en uno de sus videos recientes. El reel roza el millón de visualizaciones en Instagram y plantea una advertencia para los jóvenes universitarios: el conocimiento técnico ya no es suficiente para destacar en un mercado laboral competitivo. También se requieren habilidades de negocios y liderazgo, así como una marca personal reconocible.
Gálvez comenzó a familiarizarse con las ventas desde muy joven. Durante su etapa escolar vendía almuerzos y, mientras estudiaba Comunicaciones en la Universidad de Lima, producía videos con drones para empresas inmobiliarias. Más adelante, integró equipos de marketing de compañías como BCP, Interbank, Procter & Gamble y Santander.
La creación de contenido como motor de desarrollo
En 2024, decidió que el siguiente paso sería convertir el conocimiento acumulado durante esos años en contenido sobre negocios, marketing, finanzas y desarrollo profesional. El crecimiento de sus cuentas lo llevó a dejar el mundo corporativo y dedicarse por completo a la creación de contenido digital. Sus videos abordan temas que van desde billeteras digitales e inversiones inmobiliarias hasta habilidades blandas y consejos para crecer en el ámbito corporativo.
Actualmente, a sus 28 años, Gálvez reúne 489,000 seguidores en TikTok y 277,000 en Instagram. Además, es miembro de la Sociedad Peruana de Marketing, ha participado como conferencista TED y fue jurado en los Premios Effie 2025.
Sin embargo, considera que el éxito de un creador no debe evaluarse únicamente por el número de reproducciones. Construir influencia exige desarrollar autoridad, escuchar a la audiencia y mantener una identidad reconocible a lo largo del tiempo.
Durante el CAMP 2026, Gálvez conversó con Sectoriales Marketing y Retail sobre las diferencias entre viralidad y reputación, el valor creativo de los influencers, el papel de la inteligencia artificial y la necesidad de que las empresas comiencen a comportarse como medios de comunicación.
Muchas marcas que incursionan en la creación de contenido suelen asociar la influencia con el alcance. Desde tu experiencia como creador de contenido empresarial, ¿cómo se construye una comunidad fiel y qué la diferencia de una cuenta que se limita a acumular visualizaciones?
Lo primero que siempre digo es que la viralidad no significa ventas ni tampoco reputación. Son tres cosas distintas.
Cuando una persona comienza a crear contenido, suele emocionarse porque obtiene buenos números y métricas. Sin embargo, eso no significa necesariamente que esté construyendo algo sólido.
Para construir algo sostenible, mi principal recomendación es desarrollar autoridad. También hay que producir contenido que las personas quieran ver constantemente y disfruten consumir.
En mi caso, llevo más de dos años manteniendo un formato, un tono de voz y ciertos códigos reconocibles. Evidentemente, todo ha ido evolucionando, sobre todo el vocabulario y la manera de explicar las cosas, pero siempre trato de generar cercanía.
No basta con transmitir información. También debes construir una historia alrededor de tu persona. Compartir experiencias propias ayuda a generar simpatía y permite que la audiencia entienda quién está detrás del contenido.
Utilizo una metodología propia que llamo “5-50”: el contenido debe poder ser comprendido tanto por un niño de cinco años como por una persona de 50. Para lograrlo, hay que saber hablar como las personas, entender sus problemas y conversar sobre aquello que realmente les preocupa.
También invierto bastante tiempo en responder mensajes. Al principio son pocos, pero, a medida que la comunidad crece, se puede terminar dedicando una, dos o hasta tres horas diarias a conversar con la audiencia.
Al final, el trabajo de un influencer no depende solo de su talento, sino también de su comunidad.
¿Cuáles son los errores más comunes que cometen las empresas cuando trabajan con creadores de contenido? ¿Cómo se puede identificar cuándo una colaboración pierde autenticidad?
El mayor error es pensar que el influencer es únicamente una máquina de generar audiencia. Que una persona tenga una determinada cantidad de seguidores no significa que llegue de la misma manera a todos ellos.
Las marcas tampoco siempre consideran que el influencer es una fuente creativa. Su valor no radica únicamente en publicar una pieza, sino también en conectar elementos que, en apariencia, no guardan relación y convertirlos en una idea relevante para su comunidad.
Por eso, siempre les digo a las agencias que no trabajen conmigo para luego enviarme un guion completamente cerrado. Si simplemente lo repito, probablemente no funcione.
Las marcas tienen que confiar en la manera en que el creador transmite las ideas, porque ahí reside buena parte de su fortaleza.
El influencer es un generador creativo, un productor audiovisual y, al mismo tiempo, un medio de comunicación. Sin embargo, muchas marcas lo consideran únicamente un canal de distribución.
La audiencia también está más informada y no quiere sentir que intentan venderle algo todo el tiempo. Las personas cuestionan, comparan y responden. Por eso, una marca no puede limitarse a insertar su mensaje en el formato de un creador. Tiene que aportar algo útil y respetar los códigos que hicieron que esa comunidad confiara en él.
Tu marca personal se ha construido alrededor de tus conocimientos, tu experiencia en el mundo corporativo y algunos aspectos de tu vida personal. ¿Qué decisiones son importantes para mantener una marca personal consistente a lo largo del tiempo?
Lo primero es entender que esto no es algo pasajero. Conozco personas que atraviesan un momento de viralidad: un video consigue muchísimas visualizaciones y sienten que ya lo lograron. Sin embargo, un momento de exposición no construye necesariamente una reputación.
En este negocio puedes estar de moda durante un tiempo y luego perder visibilidad. El desafío es mantenerse vigente.
Para conseguirlo, se necesita innovar no solo en los temas, sino también en los formatos, en la manera de contar las cosas y en aquello que investigas. Además, debes volverte cada vez más riguroso.
Al comienzo, por ejemplo, hablaba sobre cosas que veía y realizaba una investigación más básica. Ahora estoy desarrollando contenido más propio y exclusivo, basado en mis ideas y opiniones.
Habrá personas a las que les guste y otras a las que no, pero eso forma parte de la autenticidad.
También existe la idea de que se necesita una cámara, un micrófono o un estudio extraordinarios para comenzar. Yo empecé grabando en el cuarto de mi hermano porque tenía un fondo más atractivo que el mío: un mueble, figuras, dibujos y piezas de Lego. Después, pasé a grabar en la sala de mi casa.
Con el tiempo, surgen nuevas necesidades y la producción mejora. Sin embargo, lo principal sigue siendo saber contar buenas historias y entender qué está funcionando.
Un video no depende solamente de cómo se ve, cómo está editado o qué palabras utiliza. Depende de la historia que existe detrás y de la manera en que la cuentas.
Si aprendes a contar buenas historias, puedes adaptarlas a videos largos, piezas cortas o cualquier otro formato.
Actualmente, cuentas con un equipo audiovisual encargado de la producción de tus videos. En un contexto en el que la inteligencia artificial facilita la creación de más contenido, ¿qué elementos humanos siguen siendo indispensables para construir confianza con la audiencia?
La inteligencia artificial es una herramienta complementaria que permite potenciar el trabajo.
En mi equipo, por ejemplo, la utilizamos durante los procesos de investigación y edición. Puede ayudarnos a simplificar términos complejos o a encontrar una manera más clara de explicarlos.
También la usamos para crear imágenes que representen exactamente aquello que queremos comunicar. A veces necesitamos mostrar una situación que no existe en un banco de imágenes, como dos bancos enfrentándose. En esos casos, podemos generar el recurso e incorporarlo al video.
Esto es importante porque un contenido no llama la atención únicamente por lo que se dice, sino también por lo que se muestra. Los elementos visuales y auditivos funcionan de manera complementaria.
Sin embargo, la inteligencia artificial sigue siendo una herramienta válida. Puede ayudar a investigar, producir o representar una idea, pero la intención, el criterio y la capacidad de conectar con la audiencia continúan dependiendo de las personas.
La tecnología potencia aquello que ya sabes hacer. No reemplaza la necesidad de conocer a tu comunidad ni de entender qué historia vale la pena contar.
¿Qué deberían entender los líderes empresariales sobre la creator economy como herramienta para construir reputación y relevancia cultural?
Les diría a los gerentes, ejecutivos y dueños de empresas que comprendan que sus organizaciones no pueden depender exclusivamente de otros medios. Toda empresa debería convertirse en un medio de comunicación.
Si tienes un negocio de pollerías, deberías construir credibilidad mediante la creación de contenido sobre tu categoría y explicar cómo funciona el negocio. Si tienes un banco, deberías ofrecer educación financiera.
Una empresa no puede limitarse a vender productos. Las personas también esperan que las eduques y les proporciones información útil.
Existen influencers y medios especializados, por supuesto. Sin embargo, creo que el futuro consiste en que las empresas desarrollen sus propios medios, con equipos dedicados exclusivamente a producir contenido.
No se trata únicamente de abrir cuentas en redes sociales o publicar piezas de manera ocasional. La creación de contenido todavía es una función subestimada dentro de muchas organizaciones.
A escala global, ya comienzan a aparecer puestos específicos para gestionar la comunicación y el posicionamiento de los CEO. Se trata de profesionales dedicados a desarrollar la presencia pública de un líder.
Por eso, las empresas necesitan construir una estructura de medios y, al mismo tiempo, ayudar a que sus principales rostros —un gerente, un fundador o un vocero— cuenten con canales propios.
La presencia del líder y la comunicación de la compañía pueden fortalecerse mutuamente. Cuando ambas están alineadas, la organización deja de depender únicamente de la publicidad y comienza a construir una reputación más amplia.