Nueve de cada diez líderes financieros a nivel global considera que su organización cuenta con infraestructura digital de primer nivel. Así lo señala el Kyndryl Readiness Report 2025, estudio anual elaborado por la proveedora de servicios de tecnología de información a partir de una encuesta a 3,700 líderes senior en 21 países. Es una cifra alentadora, pero que viene acompañada de otra más aterrizada: solo el 39% afirma estar realmente preparado para enfrentar riesgos futuros o disrupciones tecnológicas.
El contraste es claro: las organizaciones confían en su presente digital, pero observan el futuro con escepticismo. En un entorno marcado por el avance acelerado de la inteligencia artificial y una demanda creciente de capacidad, flexibilidad y resiliencia, el desafío está en desarrollar una base tecnológica.
En esa misma línea, el World Cloud Report – Financial Services 2025 de Capgemini advierte que solo el 12% de las instituciones financieras a nivel global puede considerarse realmente innovadora en nube. En otras palabras, apenas una de cada diez cuenta con la capacidad de aprovechar plataformas escalables y ecosistemas maduros para generar mejores resultados de negocio.
Digitalizar no siempre es modernizar
La banca peruana no es ajena a esta tendencia. Durante la última década, el principal reto parecía estar en la digitalización de las operaciones. Luego, la pandemia aceleró ese proceso y adelantó metas que originalmente estaban previstas para el largo plazo. Sin embargo, como ocurre en otros sectores, la modernización de la base tecnológica sigue siendo una tarea pendiente: la adopción digital avanzó a gran velocidad, pero la infraestructura que debía sostenerla no siempre evolucionó al mismo ritmo.
“No estamos frente a un proceso fácil. En un sector como el financiero o bancario, modernizar tecnología es particularmente complejo, porque se trata de una industria que debe operar 24/7. No se puede comprometer la continuidad de la operación, existen temas sensibles de seguridad y, por supuesto, altos niveles de cumplimiento regulatorio. El principal desafío es identificar cómo modernizar esa base tecnológica sin comprometer estas variables”, explica Sonia Heller, directora y customer partner de Kyndryl en Perú, a Sectoriales Tech.
Esta necesidad abre una pregunta adicional: ¿existen suficientes profesionales para ejecutar esa modernización? Según Heller, América Latina arrastra desde hace décadas brechas relevantes en la disponibilidad de personal capaz de gestionar riesgos de ciberseguridad. Esa escasez de talento hoy también se evidencia en el manejo de la inteligencia artificial, cuyo avance suele ir más rápido que la capacidad de las organizaciones para formar equipos y la magnitud de recursos disponibles.
“Muchas empresas han avanzado mediante esquemas de reskilling y upskilling. Pero aparece un reto más complejo: el multiskilling. Es decir, contar con profesionales que no solo dominen una especialidad, sino que también desarrollen capacidades paralelas y puedan adaptarse a distintos tipos de requerimientos. Por eso, creo que el foco debe estar primero en cómo organizar los recursos según los perfiles disponibles. Hay que identificar dónde conviene hacer reskilling, upskilling o impulsar capacidades múltiples”, añade Heller.
Otro punto importante es avanzar hacia perfiles más híbridos. Aunque los ingenieros electrónicos o de software están orientados hacia la tecnología y sus aplicaciones, necesitan comprender el negocio bancario para conectar ambas dimensiones y generar mayor valor. Para Heller, si este desarrollo de perfiles se acompaña de una transformación cultural que asuma que el cambio constante es la esencia de la tecnología, habrá profesionales más capaces en el sector.
Nube bancaria: más que mover cargas de un entorno a otro
Por otro lado, en el proceso de modernización tecnológica, la adopción de la nube promete mayor agilidad y eficiencia, pero también plantea dudas sobre soberanía de datos y continuidad operativa.
Al respecto, Heller señala que, si bien los temas vinculados a privacidad y soberanía se abordan de manera distinta en Europa y en América Latina, la discusión de fondo no pasa necesariamente por definir si una carga debe estar en la nube o en instalaciones propias (on-premise).
En realidad, lo relevante es cómo se protege efectivamente la información y cómo se diseña, desde el inicio, una arquitectura segura capaz de resguardar los datos más allá del lugar físico donde se encuentren.
“Más que la soberanía en sí misma, creo que el reto para aprovechar correctamente la nube está en evitar migraciones superficiales. Si una organización simplemente hace un lift and shift de sus cargas, es decir, si solo traslada lo que ya tenía de un entorno a otro, las probabilidades de obtener eficiencia real u optimización profunda son bajas. Probablemente habrá algún beneficio, pero no será comparable con el impacto de una migración que también incorpore modernización”, sostiene la experta.
Asimismo, Heller dice que una carga solo aprovecha plenamente el ecosistema de nube cuando también se moderniza. Esto permite ganar flexibilidad, mejorar la toma de decisiones en tiempo real y hacer un uso más inteligente de los datos. Este último punto es clave para la prevención de fraudes, sobre todo cuando se suman a modelos especializados de inteligencia artificial.
Según la vocera, el análisis cruzado o predictivo que hoy puede realizarse con IA es muy superior al de hace cinco años. En muchos casos, incluso puede interconectarse con información o entidades externas que complementan la visión que una empresa tiene sobre un cliente.
El desafío está en que los volúmenes de información crecen cada vez más rápido. Las empresas gestionan cada vez más datos y, año a año, ese volumen aumenta a una velocidad considerable.
“Sin embargo, convertir esa información en tiempo real todavía no se logra de la mejor manera. Incluso en empresas o grupos que operan en distintos rubros y que podrían complementar mejor su información, todavía existe un reto importante en cómo gobernar esos datos de forma más organizada y confiable. Por eso, hay que avanzar más rápido en gobierno de datos y hacer ese catch-up con mayor velocidad”, indica Heller.
Billeteras digitales: ¿amenaza u oportunidad para la banca tradicional?
Por otra parte, la expansión de las fintechs y las billeteras digitales en la vida cotidiana de los peruanos plantea un desafío importante para la banca tradicional. No porque el avance sea lento, sino por el riesgo de que ese crecimiento ocurra de manera desbalanceada.
En primer lugar, el Perú mantiene bajos niveles de bancarización, lo que deja un mercado potencial amplio. Es decir, todavía existe un porcentaje importante de ciudadanos que puede incorporarse al sistema financiero.
Lo segundo a considerar es que las billeteras digitales han impulsado niveles de bancarización que la banca tradicional no había logrado por sí sola. Según Heller, este fenómeno abre una oportunidad relevante: una vez que estas personas aprenden a usar estos canales, las entidades financieras pueden conocer mejor su comportamiento y, a partir de esa información, ofrecerles productos complementarios.
Este avance también se explica por un ecosistema de pagos cada vez más interoperable. En el Perú, el BCRP ha impulsado una estrategia gradual que incluyó la interoperabilidad entre Yape y Plin desde marzo de 2023, así como la integración de transferencias inmediatas y pagos con códigos QR desde septiembre de ese mismo año.
“Lo que ha ocurrido en el Perú es un fenómeno que no necesariamente se ve en otros países. Existen billeteras digitales conocidas en distintas partes del mundo, sí, pero no siempre se produce este cambio: personas que tradicionalmente hubieran recibido solo efectivo —por el tipo de trabajo, labor o actividad que realizan— ahora puedan cobrar mediante un código QR. En otros mercados, el efectivo sigue teniendo una presencia mucho más predominante”, asegura la experta.
Desde su perspectiva, el auge de las billeteras digitales representa más una oportunidad que una amenaza para la banca tradicional, en la medida en que impulsa la incorporación de más personas al sistema financiero en una economía con altos niveles de informalidad laboral.
“Llegó un momento en que tienes al frente a dos vendedores de caramelos, le quieres comprar a uno y le preguntas si puedes pagarle con una billetera digital. Si te dice que no y no tienes efectivo, pasas al siguiente. Si el otro sí tiene QR, le compras a él. Entonces, termina siendo incluso un diferenciador. Por eso hoy cada vez más personas usan estas aplicaciones”, agrega Heller.
Queda claro que la modernización bancaria ya no puede entenderse como un proyecto tecnológico aislado. Entre la presión por escalar la IA, la necesidad de gobernar datos y el crecimiento de los pagos digitales, la banca afronta la tarea de actualizar sus cimientos sin comprometer la continuidad operativa, la seguridad ni la confianza de sus usuarios.