John Ternus asumió este 1 de septiembre como CEO de Apple, en reemplazo de Tim Cook, quien deja la dirección ejecutiva después de 15 años. El movimiento había sido anunciado en abril y, según la compañía, fue aprobado por unanimidad por su junta directiva tras un proceso de planificación de la sucesión “meditado y prolongado”. Cook permanecerá en la organización como presidente ejecutivo del directorio.
El cambio completa una transición que no comenzó con la salida del CEO. Apple mantuvo a Cook en el puesto durante el verano boreal para trabajar directamente con Ternus en el traspaso de funciones. La compañía también decidió incorporar al nuevo CEO al directorio, mientras Cook continuará participando en determinados asuntos, entre ellos las relaciones con responsables de políticas públicas alrededor del mundo.
El caso ocurre mientras la sucesión del máximo ejecutivo gana espacio en las agendas de gobierno corporativo. Una encuesta de Spencer Stuart realizada entre 65 presidentes de comités de nominaciones y gobierno de compañías del S&P 500 y MidCap 400 ubica la planificación de la sucesión del CEO como la segunda prioridad para los próximos tres años: fue mencionada por 52% de los participantes, detrás de la composición del directorio, con 77%.
Un sucesor formado dentro de la organización
Ternus llega al máximo puesto después de desarrollar prácticamente toda su carrera en Apple. Ingresó al equipo de diseño de producto en 2001, fue nombrado vicepresidente de Ingeniería de Hardware en 2013 y se incorporó al equipo ejecutivo como vicepresidente sénior del área en 2021. Durante su trayectoria supervisó trabajos de ingeniería en productos como iPad y AirPods, además de distintas generaciones de iPhone, Mac y Apple Watch.
La promoción interna aporta continuidad, pero no convierte automáticamente a un ejecutivo experimentado en un sucesor preparado. Spencer Stuart sostiene que la planificación debería empezar incluso al comienzo del mandato de un CEO y mantenerse como un proceso continuo. La firma recomienda que, al menos una vez al año, el CEO y el CHRO revisen las capacidades de liderazgo que necesitará la compañía, evalúen al talento disponible frente a esos requerimientos y definan experiencias de desarrollo para los potenciales candidatos internos.
Eso incluye asignaciones que permitan ampliar experiencia operacional o exposición frente a grupos de interés externos. Al mismo tiempo, la consultora recomienda que los directorios no dependan exclusivamente de una alternativa interna: comparar a sus candidatos con talento externo permite evaluar si las capacidades disponibles siguen respondiendo a la estrategia futura de la compañía.
Preparar al sucesor no significa replicar al antecesor
Cook ya había reflexionado años antes sobre la diferencia entre asumir una posición y tratar de reproducir el liderazgo de quien la ocupó previamente. Durante su discurso de graduación en Stanford en 2019 recordó que, pese a haber asumido formalmente como CEO de Apple en agosto de 2011, la muerte de Steve Jobs poco después le mostró la diferencia entre estar preparado y sentirse realmente listo para liderar. También sostuvo que tratar de imitar a su antecesor habría significado intentar encajar en una forma que no le correspondía.
Cuando Jobs renunció al cargo, Apple ya disponía de un plan de sucesión: el propio fundador recomendó formalmente al directorio ejecutarlo y nombrar a Cook como CEO. Cook llevaba entonces 13 años en la compañía y era su director de operaciones.
Quince años después, Apple vuelve a optar por un ejecutivo desarrollado dentro de la organización, aunque bajo circunstancias diferentes. Ternus recibe una compañía cuyo valor de mercado supera los US$ 4,500 millones y que enfrenta desafíos en inteligencia artificial, además de la necesidad de reducir su dependencia manufacturera de China, según Reuters.
La sucesión, por tanto, no termina con el nombramiento. La siguiente etapa será comprobar cuánto de la preparación previa permite preservar conocimiento y continuidad sin limitar la capacidad del nuevo CEO para construir una agenda y una autoridad propias. En Apple, además, ese equilibrio tendrá una particularidad: quien ocupó el cargo durante 15 años no abandona la compañía, sino que seguirá presidiendo su directorio.