Meta ha incorporado nuevas disposiciones a sus condiciones comerciales que atribuyen a las empresas los riesgos asociados al uso de sus funciones de inteligencia artificial (IA), incluso cuando estas produzcan resultados incorrectos o inadecuados. Los cambios, previstos para el 30 de octubre de 2026, introducen además modificaciones sobre el acceso automatizado a contenidos vinculados con los productos y servicios de sus clientes.
Las nuevas cláusulas reconocen expresamente que las funciones de IA pueden cometer errores y no siempre ofrecer resultados precisos, completos o adecuados. Sin embargo, establecen que las organizaciones usuarias son las únicas responsables de asumir los riesgos derivados de esas herramientas y de los contenidos que generan, incluida la evaluación de su idoneidad para fines comerciales.
La disposición forma parte de una actualización de los términos que regulan el uso empresarial de los productos de Meta, incluidos sus servicios publicitarios. Su alcance ha provocado cuestionamientos entre especialistas en tecnología y seguridad informática, que advierten sobre el desequilibrio entre el control que mantiene el proveedor sobre sus sistemas y las obligaciones que pretende asignar a sus clientes.
¿Quién responde cuando la IA comete un error?
La nueva redacción coloca sobre las empresas la responsabilidad de evaluar los resultados producidos con las funciones de IA antes de utilizarlos en sus actividades comerciales. Esto adquiere especial relevancia en operaciones que incorporan herramientas automatizadas para generar contenido publicitario, imágenes y otros materiales destinados a clientes.
Frank Dickson, analista principal de Dickson Research, cuestionó el alcance de esta disposición en declaraciones a Computerworld. Según el especialista, Meta desarrolla las herramientas, reconoce que pueden equivocarse y, pese a ello, pretende asignar todos los riesgos a las organizaciones que las utilizan.
Mike Wilkes, responsable de seguridad de la información empresarial (CISO) de Aikido Security, también criticó la medida. En declaraciones al mismo medio, consideró difícil justificar que los clientes asuman las consecuencias de resultados inadecuados cuando el proveedor mantiene el control sobre el modelo que los produce.
La controversia, sin embargo, exige distinguir entre lo que establece un contrato y sus efectos jurídicos. Que Meta atribuya determinados riesgos a sus clientes no significa necesariamente que quede exenta de toda responsabilidad ante cualquier error. La validez y exigibilidad de estas cláusulas pueden depender de la legislación aplicable y de las circunstancias de cada caso.
Para las organizaciones, la actualización introduce una consideración adicional al evaluar el uso de estas tecnologías: no basta con conocer sus capacidades y limitaciones operativas, sino que también resulta necesario revisar las condiciones bajo las cuales se utilizan sus resultados.
El uso de contenidos abre otro frente de controversia
La actualización contractual también ha generado críticas por las disposiciones relacionadas con el rastreo automatizado de sitios web y el uso de contenidos vinculados con actividades empresariales.
Una versión inicial de los términos incluía un lenguaje que, según especialistas jurídicos consultados por The Verge y otros medios, podía interpretarse como una autorización para recopilar contenidos de sitios asociados con cuentas comerciales y utilizarlos en el entrenamiento de sistemas de IA.
Entre los críticos figuró James Grimmelmann, profesor de derecho digital y de la información de la Universidad de Cornell, quien cuestionó las implicaciones de esas autorizaciones para los propietarios de contenidos.
Tras la controversia, Meta modificó el texto el 17 de octubre y retiró la referencia explícita al entrenamiento de modelos. La compañía también rechazó que las nuevas condiciones representaran una ampliación de sus derechos para recopilar información de sitios periodísticos.
Daniel Roberts, portavoz de Meta, declaró a The Verge que las disposiciones sobre rastreo corresponden a sus productos publicitarios y empresariales, y que la actualización no modifica la manera en que la compañía utiliza sus rastreadores web. Añadió que los propietarios de sitios pueden continuar utilizando el archivo robots.txt para expresar sus preferencias sobre el acceso automatizado.
No obstante, las disposiciones sobre rastreo y las autorizaciones de uso de contenidos permanecen bajo escrutinio, particularmente por la amplitud de algunas expresiones contractuales y las distintas interpretaciones que pueden admitir.
Nuevas consideraciones para las empresas
Otro aspecto de la actualización está relacionado con los contenidos publicados o compartidos en conexión con los productos de Meta. Según la documentación examinada por Computerworld, las disposiciones contemplan también materiales proporcionados por terceros que actúan en representación de una organización, como agencias publicitarias y proveedores de servicios.
Este alcance resulta relevante para compañías que delegan la administración de cuentas comerciales, campañas y contenidos digitales, porque obliga a considerar no solo sus propias operaciones, sino también las actividades de sus socios externos.
Los cambios ponen sobre la mesa una cuestión que cobra importancia conforme las empresas incorporan inteligencia artificial a sus procesos: cómo se distribuyen las responsabilidades cuando una herramienta automatizada produce resultados que posteriormente se utilizan en una actividad comercial.
En el caso de Meta, las organizaciones deberán considerar las nuevas condiciones contractuales junto con sus procedimientos de revisión de contenidos, administración de terceros y control de herramientas automatizadas. La actualización entrará en vigor el 30 de octubre, aunque la compañía todavía podría introducir ajustes adicionales antes de esa fecha.