La industria fintech global ha ingresado a una nueva etapa de desarrollo: la “quinta era”, caracterizada por un enfoque en la rentabilidad, la escalabilidad y la madurez operativa, que deja atrás la fase de crecimiento especulativo.
Así lo revela el más reciente informe de McKinsey & Company, “The next age of fintech: AI, digital assets, and new paths to success”, elaborado en colaboración con QED Investors. El estudio proyecta que el mercado podría alcanzar los US$ 2 billones en ingresos para 2030, lo que triplicaría su tamaño actual.
En este nuevo escenario, América Latina ha surgido como la región más dinámica del mundo, con ingresos cercanos a los US$ 60,000 millones en 2025. Esta cifra representa un crecimiento anual compuesto del 43% desde 2021.
Se trata de un avance impulsado por la capacidad de las fintech para atender las necesidades de una población no bancarizada y por la consolidación de marcas regionales como Nubank y Mercado Pago, que han logrado una alta concentración de mercado.
Este diagnóstico coincide con otras lecturas del mercado. Por ejemplo, el Global Fintech Report 2025, de Boston Consulting Group, señala que la industria fintech atraviesa una etapa de consolidación, en la que sus ingresos crecieron 21% en 2024, por encima del 6% registrado por el sector financiero tradicional.
A nivel global, McKinsey afirma que la industria fintech generó aproximadamente US$ 650,000 millones en ingresos en 2025, lo que implica un crecimiento 3.5 veces más rápido que el del sector de servicios financieros tradicionales. Pese a este ritmo, las fintech solo han capturado cerca del 4% de los ingresos totales de la industria financiera, lo que subraya el enorme potencial de expansión que aún existe.
“Estamos presenciando un punto de inflexión. La ‘quinta era’ de las fintech se caracteriza por un ‘vuelo a la calidad’, en el que los modelos de negocio sostenibles y la rentabilidad real priman sobre el crecimiento a toda costa”, explica Juan Carlos Romero, socio senior de McKinsey & Company y coautor del informe.
“En Latinoamérica, este cambio es particularmente notorio. Las empresas líderes no solo están capturando valor a través de la inclusión financiera, sino que también lo hacen construyendo fosos económicos duraderos, basados en la confianza y la eficiencia operativa”, añade.
El informe identifica cuatro tendencias que redefinen el sector:
1️⃣ La inteligencia artificial (IA) surge como el principal catalizador de disrupción
Este proceso acelera de forma significativa el desarrollo de productos, la personalización y la eficiencia operativa, reduciendo los ciclos de innovación de años a meses.
2️⃣ El auge de los activos digitales
El crecimiento de las stablecoins y los depósitos tokenizados está transformando la infraestructura de pagos y liquidación. En 2025, el volumen de transacciones con stablecoins alcanzó los US$ 35 billones. Sin embargo, su penetración en los pagos de usuarios finales aún es baja —apenas 1%—, lo que evidencia un amplio potencial de escalamiento.
3️⃣ La creciente adopción de licencias bancarias por parte de las fintech
La regulación deja de ser una barrera para convertirse en una palanca estratégica, que habilita menores costos de fondeo, mayor confianza y expansión del portafolio. En este escenario, el año pasado marcó un récord en Estados Unidos, con 21 nuevas solicitudes de licencias.
4️⃣ Se consolida el modelo de fintech horizontales
Se trata de proveedores tecnológicos que habilitan la transformación de las instituciones financieras desde dentro. Dicho segmento ya representa el 13% de los ingresos de la industria y mantiene tasas de crecimiento cercanas al 25% anual.
Se redefinen las reglas del éxito
El reporte de McKinsey concluye que las organizaciones líderes serán aquellas capaces de equilibrar crecimiento rentable, construir modelos de distribución basadas en confianza, ofrecer propuestas de valor superiores, así como gestionar el riesgo y la resiliencia como capacidades estratégicas.
Este nuevo paradigma eleva el estándar competitivo tanto para startups disruptivas como para instituciones financieras tradicionales, que deberán acelerar su transformación para sostener su relevancia en el mercado.