La Organización Internacional del Trabajo (OIT) revela que más de 840,000 personas mueren cada año por afecciones de salud vinculadas a riesgos psicosociales en el entorno laboral, una cifra que equivale a 2,300 muertes diarias atribuibles a factores como jornadas excesivas, inseguridad en el empleo y acoso en el trabajo. El informe global establece una conexión directa entre estas exposiciones y enfermedades cardiovasculares, trastornos mentales y suicidio.
El costo oculto de los entornos laborales tóxicos
El documento de la OIT señala un problema estructural: la forma en que el trabajo es diseñado, organizado y gestionado determina en gran medida la salud de la fuerza laboral global. Las largas jornadas, la alta exigencia combinada con bajo control sobre las tareas, el desequilibrio entre esfuerzo y recompensa, y el hostigamiento configuran entornos dañinos cuando las organizaciones no los abordan de manera preventiva.
"Los riesgos psicosociales se están convirtiendo en uno de los desafíos más significativos para la seguridad y la salud en el trabajo en el mundo laboral moderno", afirma Manal Azzi, líder del equipo de políticas y sistemas de seguridad y salud en el trabajo de la OIT.
La dimensión del problema supera con creces las estadísticas de mortalidad. El informe estima que estos riesgos explican cerca de 45 millones de años de vida ajustados por discapacidad perdidos anualmente, un indicador que refleja el tiempo de vida saludable que se pierde por enfermedad, discapacidad o muerte prematura.
Impacto económico: pérdidas equivalentes a economías enteras
Las consecuencias económicas resultan igualmente alarmantes. El reporte calcula que las pérdidas derivadas de riesgos psicosociales laborales equivalen al 1.37% del PBI mundial anual. Ese porcentaje representa aproximadamente US$ 1.3 billones considerando el PBI global de 2024, un monto superior al producto bruto interno de México o España.
La estimación incorpora los efectos en productividad asociados a la pérdida de años de vida saludable, reforzando la idea de que el entorno psicosocial del trabajo no solo afecta a las personas, sino también al desempeño de las organizaciones y a la resiliencia económica de las naciones. Para América Latina, donde la informalidad laboral alcanza al 50% de la fuerza de trabajo según datos de la CEPAL, estos riesgos podrían estar significativamente subregistrados.
Anatomía del riesgo: tres niveles interrelacionados
El informe introduce el concepto de entorno psicosocial laboral como el conjunto de elementos del trabajo y de las interacciones en el lugar de trabajo vinculados con el diseño de los puestos, la organización y gestión de las tareas, y las políticas, las prácticas y los procedimientos que regulan la actividad laboral. Para comprender mejor estos riesgos, el estudio propone una estructura de tres niveles.
El primer nivel corresponde a la naturaleza del trabajo en sí mismo: las exigencias, las responsabilidades, la correspondencia entre las habilidades de las personas y las tareas asignadas, el acceso a recursos y el diseño de las tareas en términos de sentido, variedad y uso de capacidades.
El segundo nivel se refiere a la forma en que el trabajo es organizado y gestionado. Aquí aparecen variables como la claridad de roles, las expectativas, la autonomía, la carga laboral, el ritmo de trabajo, la supervisión y el apoyo que reciben los empleados de sus superiores directos.
El tercer nivel corresponde a las políticas, las prácticas y los procedimientos más amplios del lugar de trabajo: los arreglos de empleo y jornada, la gestión del cambio organizacional, el monitoreo digital, los procesos de desempeño y recompensa, las políticas de seguridad y salud, los mecanismos para prevenir violencia y acoso, y las instancias de consulta y participación de los trabajadores.
Metodología: cómo se calcularon las 840,000 muertes
La estimación se construyó con dos fuentes principales de información. Por una parte, datos sobre la prevalencia global de cinco grandes factores de riesgo psicosocial en el trabajo; por otra, evidencia científica sobre el modo en que esos factores aumentan la probabilidad de enfermedades graves.
Los cinco riesgos considerados en el modelo fueron:
1. Tensión laboral: alta demanda combinada con bajo control sobre las tareas
2. Desequilibrio esfuerzo-recompensa: desproporción entre lo que se exige y lo que se retribuye
3. Inseguridad laboral: incertidumbre sobre la continuidad del empleo
4. Largas jornadas: horarios que exceden los estándares recomendados
5. Acoso y hostigamiento: conductas de violencia psicológica en el entorno de trabajo
Esos niveles de exposición fueron aplicados a los datos globales más recientes de mortalidad y salud de la Organización Mundial de la Salud y del estudio Global Burden of Disease. La evidencia disponible vincula estos riesgos con una amplia gama de afecciones mentales y físicas, incluidas depresión, ansiedad, enfermedades metabólicas, trastornos musculoesqueléticos y alteraciones del sueño.
Digitalización e inteligencia artificial: ¿amplificadores del riesgo?
Aunque muchos de estos riesgos no son nuevos, el reporte advierte que las transformaciones en el mundo del trabajo están reconfigurando el entorno psicosocial laboral de maneras que apenas comenzamos a comprender. La digitalización, la inteligencia artificial, el trabajo remoto y las nuevas formas de empleo pueden intensificar problemas ya existentes o crear otros nuevos si no son gestionados de manera adecuada.
El monitoreo digital permanente, por ejemplo, puede generar niveles de estrés comparables a los de la vigilancia presencial más intrusiva. Los algoritmos que asignan tareas y evalúan desempeño eliminan la mediación humana que tradicionalmente amortiguaba las presiones laborales. El trabajo remoto, celebrado durante la pandemia como una conquista de flexibilidad, ha demostrado también su capacidad para difuminar los límites entre vida personal y profesional.
Sin embargo, el texto reconoce que esos mismos cambios pueden abrir oportunidades para mejorar la organización del trabajo y ampliar la flexibilidad, siempre que se gestionen con criterios de salud y bienestar.
Implicaciones para América Latina
La región enfrenta condiciones que podrían agravar la incidencia de estos riesgos. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, cerca de 140 millones de trabajadores latinoamericanos operan en la informalidad, donde la protección frente a riesgos psicosociales es prácticamente inexistente. Las jornadas extensas siguen siendo comunes en sectores como comercio, transporte y servicios, mientras que la inseguridad laboral se ha convertido en una constante para millones de trabajadores bajo esquemas de contratación precaria.
Hacia un enfoque preventivo
El informe de la OIT remarca que los riesgos psicosociales pueden prevenirse mediante enfoques organizacionales orientados a sus causas de fondo, no solo a sus síntomas. Por eso plantea la necesidad de integrar la gestión de estos riesgos en los sistemas de seguridad y salud en el trabajo, con respaldo del diálogo social entre gobiernos, empleadores y trabajadores.
Las señales apuntan hacia una reconfiguración del debate sobre condiciones laborales. Si durante décadas la discusión se centró en riesgos físicos, químicos y ergonómicos, los datos presentados por la OIT sugieren que el entorno psicosocial del trabajo merece una atención equivalente. Para las empresas latinoamericanas que buscan atraer y retener talento en un mercado cada vez más competitivo, ignorar esta evidencia podría resultar no solo éticamente cuestionable, sino económicamente costoso.