Crecer mediante adquisiciones permite ganar escala con rapidez, pero también puede multiplicar los sistemas, los procesos y las formas de operar. Ese es uno de los desafíos que enfrenta Ransa tras expandirse por la costa del Pacífico e integrar compañías como TCF en Centroamérica y Loginsa en Chile. La meta ahora no es únicamente consolidar su presencia regional, sino lograr que operaciones con historias diferentes funcionen bajo una arquitectura cada vez más común.
El reto cobra mayor relevancia a medida que la compañía acelera sus planes de crecimiento. Ransa proyecta superar los US$ 650 millones en ingresos en 2026 y alcanzar los US$ 1,000 millones hacia 2030. Para sostener ese avance, ha invertido más de US$ 40 millones en tecnología durante los últimos tres años y prevé destinar entre US$ 8 millones y US$ 10 millones anuales a transformación digital y desempeño operativo.
La tecnología ya atraviesa buena parte de esa apuesta. La compañía utiliza sistemas WMS y TMS para gestionar almacenes y transporte, respectivamente, además de una torre de control que le permite obtener trazabilidad y responder a incidentes en tiempo real. Ransa también viene desarrollando una infraestructura regional de datos y herramientas como Ransa 360, que concentra la interacción digital con sus clientes.
Pero digitalizar una cadena logística no equivale automáticamente a hacerla más eficiente. McKinsey advierte que el ecosistema tecnológico de la logística continúa altamente fragmentado y que, con frecuencia, obliga a combinar múltiples soluciones, incluso cuando más del 85% de los ejecutivos consultados reconoce que sus inversiones digitales ya han generado valor. Con la irrupción de la inteligencia artificial, el siguiente salto apunta, además, a automatizar decisiones sobre rutas, capacidad, seguimiento de carga e inventarios, y no solamente tareas administrativas.
En conversación con Sectoriales Tech, Sandra Woolcott, VP de Tecnología, Transformación Digital y Analítica de Ransa, explica hasta dónde ha avanzado la compañía en la estandarización de sus operaciones, qué resultados está generando la automatización y por qué el siguiente desafío no será solamente incorporar inteligencia artificial, sino definir cuánto control puede delegarse en ella.
Ransa opera en 12 países y ha integrado en los últimos años compañías como TCF y Loginsa. Cuando cada operación llega con sistemas, procesos y datos distintos, ¿qué es más difícil de estandarizar: la tecnología o la forma en que cada país trabaja? ¿Y qué parte de la operación regional todavía no funciona bajo una arquitectura común?
Somos una organización que ha crecido tanto de forma orgánica como inorgánica. Tenemos presencia en 12 países y buscamos ser el integrador logístico de toda la costa del Pacífico.
Definitivamente, lo que más cuidamos y consideramos nuestro recurso más valioso es nuestra gente. Ese ha sido nuestro mayor reto: construir una cultura única, desarrollar un ADN compartido y lograr que toda la organización trabaje con una misma mentalidad de grupo.
Parte de ese esfuerzo son los programas que hemos desarrollado dentro de la organización. Contamos con Ransa Evoluciona, Ransa Avanza y Tech Day, iniciativas que buscan impulsar un cambio de mentalidad y desarrollar una cultura digital en toda la organización. La idea es seguir alineando nuestra forma de pensar, enfocar los esfuerzos y construir un ADN corporativo común en los 12 países.
En paralelo, estamos en una etapa de integración, estructuración y estandarización de nuestra cadena de valor. Yo diría que hoy hemos avanzado aproximadamente un 60%, sobre todo en nuestros procesos core, que son básicamente almacenamiento y transporte.
Pero estandarizar no es un proceso simple, porque no se trata solamente de homologar. También necesitamos optimizar, automatizar y evolucionar continuamente para construir una operación mucho más eficiente y acorde con las expectativas de nuestros clientes.
Ransa planteó hace algunos años la meta de automatizar el 100% de sus procesos subcore y recientemente ha reportado inversiones superiores a US$ 40 millones en innovación tecnológica durante los últimos tres años. ¿Qué porcentaje de ese objetivo ya se alcanzó y qué resultado de negocio demuestra que la automatización está generando valor más allá de ahorrar horas de trabajo?
Creo que el crecimiento de Ransa refleja directamente ese proceso de transformación. La compañía ha venido registrando un crecimiento importante año a año, y esas inversiones también se reflejan en los niveles de servicio que ofrecemos a nuestros clientes, en la mejora del NPS y en las eficiencias que conseguimos en rutas, pedidos y atención.
También observamos una reducción de errores y mejoras en la gestión de inventarios y en nuestros procesos core. Yo diría que aproximadamente un 60% de estos procesos ya ha sido optimizado, aunque seguimos trabajando en su mejora.
Hoy podemos decir que hemos reducido significativamente los márgenes de error y mejorado la productividad entre un 8% y un 15%, aproximadamente. Creo que estos resultados de negocio muestran por sí solos el aporte que está generando el proceso de transformación de la compañía.
Ransa viene trabajando con WMS, TMS, torres de control y una infraestructura regional de datos. ¿Qué decisión logística que antes dependía principalmente de la experiencia de una persona puede tomarse hoy gracias a los datos? ¿Existe algún caso en el que Ransa ya pueda anticipar una disrupción en lugar de limitarse a reaccionar cuando ocurre?
Los clientes demandan cada vez más trazabilidad sobre la ubicación de su carga. En esa línea, contamos con plataformas de clase mundial como WMS y TMS, y hemos desarrollado una capa de datos muy robusta, soportada por un data lake, que nos permite generar indicadores para la gestión de Ransa y facilitar el monitoreo que requieren nuestros clientes.
Tenemos distintas plataformas. Una de ellas es Ransa 360, que funciona como punto único de contacto entre los clientes y la organización. Desde allí pueden consultar la trazabilidad de su mercadería y realizar un seguimiento en tiempo real.
Además, estamos trabajando en modernizar la organización e incorporar inteligencia artificial. Hoy contamos con una torre de control que nos permite realizar un mejor monitoreo y optimizar distintas decisiones: gestionar inventarios, realizar un mejor planeamiento, asignar rutas, camiones y transporte, e incluso planificar el personal y los insumos necesarios para asegurar un mejor servicio a nuestros clientes.
En ocasiones anteriores has planteado que la cadena de suministro está evolucionando hacia agentes de inteligencia artificial capaces de reaccionar dinámicamente ante distintos eventos. ¿Hasta dónde está dispuesta Ransa a llevar esa autonomía? Por ejemplo, ¿un agente podría modificar una ruta o reasignar recursos sin esperar una aprobación humana?
Aquí entendemos que la inteligencia artificial no reemplaza al ser humano, sino que potencia sus capacidades. Actualmente estamos desarrollando un programa para democratizar el uso de la IA dentro de la organización, pero bajo un marco federado y gobernado. Buscamos asegurar el resguardo de nuestra información y, al mismo tiempo, que todo lo que se desarrolle genere valor para la empresa.
La idea es que todas las áreas de negocio puedan utilizar inteligencia artificial para obtener mejores resultados. En esa línea, venimos trabajando para que nuestros agentes adquieran progresivamente mayores niveles de autonomía y para que las distintas áreas alcancen también un mayor grado de madurez.
En este momento, nuestros procesos todavía incluyen la participación humana y dependen de una decisión o validación final de una persona. Sin embargo, cuánto podamos avanzar hacia una mayor autonomía dependerá de la evolución de la organización, del nivel de madurez que alcancemos y de la seguridad que podamos garantizar a nuestros clientes.
Muchas transformaciones digitales fracasan no porque falte inversión en tecnología, sino porque la organización no ha ordenado previamente sus procesos. En Ransa, ¿qué proyecto tecnológico tuvo que replantearse o demorarse porque el proceso de negocio no estaba suficientemente preparado? ¿Qué aprendizaje dejó ese caso?
En Ransa entendemos que la tecnología es un habilitador. Antes de lanzar cualquier proyecto, siempre nos preguntamos para qué lo necesitamos, cuál será su aporte de valor, qué beneficio esperamos obtener y cómo contribuirá a la estrategia del negocio.
En esa línea, sí hemos tenido algunas experiencias. En determinado momento identificamos que algunos procesos, tal como los veníamos operando, todavía tenían oportunidades de optimización. Tuvimos que hacer una pausa en un proyecto para revisarlos, hacerlos mucho más eficientes y, además, analizar la cadena de valor de manera integral.
Eso es especialmente importante porque muchas veces no somos propietarios de toda la información. Cuando brindamos servicios de almacenamiento, por ejemplo, el dueño de los datos y de la información asociados a un SKU es el cliente y, en ocasiones, esos datos básicos no llegan completos.
Entonces, para desarrollar correctamente un proyecto tecnológico necesitamos partir de información básica completa, datos adecuados y procesos claramente definidos. Debemos procurar que esos procesos sean lo más lean y optimizados posible para obtener mejores resultados.
Hemos capitalizado ese aprendizaje y creo que tendremos que seguir haciéndolo. A medida que la tecnología continúe evolucionando e incorporemos nuevas capacidades, incluida la inteligencia artificial, seguiremos encontrando formas más eficientes de hacer las cosas. Es un cambio constante, una evolución permanente.
Ransa busca superar los US$ 1,000 millones en ingresos hacia el inicio de la próxima década y presenta la tecnología como uno de los habilitadores de ese crecimiento. ¿Cómo puede demostrar tu área que está contribuyendo directamente a esa meta? ¿Qué indicador o KPI debería mejorar durante los próximos años?
Somos un área que debe apoyar la estrategia de negocio y, sobre todo, ayudar a nuestros clientes a convertir la logística en parte de su ventaja competitiva.
Tenemos un objetivo conjunto: ser más eficientes, mejorar nuestra operación y productividad, ser más asertivos en el manejo de inventarios y rutas y reducir los tiempos de respuesta.
Hoy contamos con Ransa 360 como punto único de contacto, desde el cual los clientes pueden conocer dónde se encuentra su mercadería y tener trazabilidad en tiempo real. Lo que buscamos con ello es generar eficiencia y confianza.
Una manera de medirlo es a través del nivel de satisfacción de nuestros clientes y del NPS. Además, desde el área de tecnología tenemos un indicador que considero fundamental en el largo plazo: el ROI sobre el TCO de los proyectos.
Hoy, especialmente con la inteligencia artificial, no importa solamente cuánto invertimos. También importa cuál es el retorno que obtenemos y cuánto costará mantener esa solución en el tiempo. Necesitamos asegurarnos de que cada inversión sea sostenible y favorable para el negocio a largo plazo.