Moisés Fernández, CTO de KasNet: “TAPP busca estandarizar las reglas para que más jugadores compitan en pagos digitales”

La infraestructura impulsada por el BCRP permitiría a fintech, cajas y billeteras conectarse sin desarrollar toda la arquitectura desde cero y ampliar la oferta para usuarios y comercios que aún dependen del efectivo.

El Perú ya cuenta con billeteras digitales, transferencias inmediatas y códigos QR que han transformado la forma en que millones de personas pagan, cobran y envían dinero. Sin embargo, el avance de los pagos digitales no ha resuelto todos los problemas del ecosistema financiero.

La adopción ha crecido, pero la infraestructura aún arrastra un desafío de fondo: no todos los actores pueden integrarse con la misma facilidad, a los mismos costos ni con las mismas capacidades tecnológicas.

¿Cómo afecta esta brecha en la digitalización de los pagos?

Esta brecha es especialmente relevante para las fintech, cajas municipales, financieras, empresas emisoras de dinero electrónico y comercios que buscan participar en un sistema más interoperable.

En la práctica, muchas iniciativas aún enfrentan procesos costosos, integraciones complejas o dependencias de terceros para ofrecer transferencias entre personas o pagos de personas a comercios.

En este contexto, TAPP —Transferencias Automáticas de Pagos Peruanos— surge como una nueva pieza de infraestructura destinada a ordenar el ecosistema de pagos minoristas. La iniciativa, impulsada por el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), busca establecer reglas comunes para que más participantes puedan operar en un sistema de pagos inmediatos e interoperables.

KasNet, una de las protagonistas del TAPP

KasNet, empresa peruana con más de 20 años de trayectoria en el sector financiero, forma parte del Grupo 1 de implementación de TAPP. La compañía nació vinculada a una red de agentes corresponsales y actualmente desarrolla infraestructura tecnológica para bancos, cajas, financieras, fintech y empresas emisoras de dinero electrónico.

Para Moisés Fernández Ruiz, CTO de KasNet, este cambio no debe entenderse únicamente como una actualización tecnológica. La pregunta de fondo es si esta infraestructura permitirá que más actores compitan en mejores condiciones y si esa competencia beneficiará a los usuarios y comercios que aún dependen del efectivo.

Un ecosistema todavía fragmentado

Aunque los pagos digitales se han vuelto más cotidianos, Fernández sostiene que el ecosistema peruano aún se encuentra fragmentado desde el punto de vista tecnológico. Actualmente, una fintech que busca acceder a las transferencias entre personas o a los pagos de personas a comercios suele tener dos opciones: obtener una licencia para emitir dinero electrónico o integrarse mediante una empresa que ya cuente con esa autorización.

Ambas rutas presentan barreras. La primera puede ser larga y costosa, además de requerir una inversión considerable. La segunda depende de un número limitado de alternativas y también puede resultar onerosa para los nuevos participantes.

“Hoy, el ecosistema está muy fragmentado a nivel tecnológico. El acceso de las fintech a las transferencias entre personas o a los pagos de personas a comercios está limitado a obtener una licencia de dinero electrónico o integrarse mediante una empresa que ya cuente con ella”, explica Fernández a Sectoriales Tech.

Desde su perspectiva, TAPP busca abordar este problema mediante la estandarización de las reglas. La infraestructura no solo habilitaría transferencias inmediatas entre distintos participantes, sino que también establecería condiciones comunes para que bancos, cajas, fintech, billeteras y otros actores operen bajo un mismo marco.

“Lo que trae TAPP es la estandarización de las transferencias y la interoperabilidad. Establece reglas de juego comunes para que todos los actores operen bajo los mismos estándares”, afirma.

El nuevo rol de los habilitadores tecnológicos

Uno de los aspectos más relevantes del modelo es la incorporación de figuras que pueden facilitar el acceso de nuevos participantes al ecosistema. Fernández destaca el rol del PAC Sponsor, un habilitador que permitiría a billeteras o fintech ofrecer transferencias entre personas o pagos de personas a comercios sin tener que desarrollar toda la infraestructura desde cero ni contar necesariamente con una licencia propia para emitir dinero electrónico.

En un mercado como el peruano, donde los pagos digitales aún se concentran en pocas billeteras de gran alcance, esta figura podría ser clave. El objetivo no sería reemplazar a los grandes jugadores, sino ampliar el número de aplicaciones, comercios y entidades capaces de iniciar pagos interoperables.

“Cualquier billetera o fintech que quiera incluir transferencias entre personas o pagos de personas a comercios en sus productos puede acceder al ecosistema sin necesidad de contar con una licencia de dinero electrónico, realizar una integración muy costosa ni operar bajo reglas distintas a las de los demás participantes”, señala Fernández.

Bajo esta lógica, KasNet busca posicionarse como una capa de infraestructura para las entidades que quieran conectarse al ecosistema TAPP. La compañía plantea dos frentes: habilitar a nuevos participantes mediante el modelo de PAC Sponsor y ofrecer infraestructura a bancos, cajas y financieras bajo un esquema de PAC as a Service.

Este último modelo busca evitar que las entidades tengan que desarrollar toda la arquitectura desde cero. En lugar de destinar recursos a construir la conexión técnica, podrían apoyarse en una infraestructura ya adaptada a las reglas del nuevo ecosistema y concentrarse en diseñar servicios para sus usuarios.

Del efectivo al pago digital: el reto de llegar fuera de Lima

La interoperabilidad de los pagos no es solo un problema de conexión entre sistemas, sino también una cuestión de inclusión financiera. En el Perú, el efectivo sigue siendo relevante en muchas actividades cotidianas, especialmente en las regiones, los pequeños comercios y los negocios informales o con baja digitalización.

KasNet tiene presencia en las 25 regiones del país y cuenta con una red de más de 10,000 agentes. Para Fernández, esta capilaridad puede servir como puente entre el mundo físico y el digital, especialmente en las operaciones de cash in y cash out: ingresar dinero al ecosistema digital y retirarlo cuando el usuario lo necesite.

“Gracias a la red de KasNet, que cuenta con más de 10,000 agentes distribuidos en todo el país, tenemos un habilitador para el cash in y el cash out; es decir, para conectar el mundo físico con el digital”, indica.

Este punto es relevante porque una infraestructura de pagos inmediatos podría terminar beneficiando principalmente a los usuarios ya bancarizados si no resuelve el problema de acceso en los territorios donde el efectivo aún predomina. La promesa de TAPP, entonces, no debería medirse solo por la cantidad de entidades que se conecten, sino también por su capacidad para llevar la digitalización a comercios y personas que hoy no encuentran productos adecuados a su realidad.

“No es lo mismo un usuario en Puno que uno en Lima o Iquitos. Las necesidades son diferentes”, apunta Fernández. “Si se habilita el acceso al ecosistema a empresas que pueden desarrollar productos más específicos para esos usuarios, finalmente se beneficia a una persona que quizá hoy no encuentra una oferta adecuada, porque muchos productos están más orientados al usuario de la capital”.

La interoperabilidad también exige resolver la última milla tecnológica

Conectar bancos, cajas, financieras, fintech y empresas emisoras de dinero electrónico no es sencillo. Cada entidad opera con sistemas, reglas internas y niveles de madurez tecnológica diferentes. Para Fernández, esta heterogeneidad representa uno de los principales desafíos del ecosistema.

“El mayor reto es precisamente la heterogeneidad. Cada banco y cada caja tiene su propio core bancario y sus propias reglas”, detalla.

En este escenario, la función de TAPP sería estandarizar las reglas de interoperabilidad y reducir la complejidad de las integraciones. Sin embargo, aún queda un tramo crítico: la conexión con el core bancario de cada entidad. Esa última milla seguirá dependiendo de la capacidad de cada participante para integrar sus sistemas internos con la nueva infraestructura.

Fernández comenta que herramientas como un SDK pueden facilitar esta tarea. En términos simples, se trata de una librería tecnológica que una entidad puede incorporar en su aplicación para acceder al ecosistema sin tener que desarrollar toda la conexión por su cuenta.

Este aspecto evidencia que la interoperabilidad no se resuelve únicamente con regulación o voluntad de mercado. También requiere arquitectura, disponibilidad, seguridad, continuidad operativa y herramientas que permitan que entidades grandes y pequeñas se conecten sin quedar excluidas por falta de capacidad técnica.

Más velocidad, más necesidad de controles

Los pagos inmediatos ofrecen una ventaja evidente: reducen fricciones. Sin embargo, esa misma velocidad también acorta el tiempo disponible para detectar operaciones sospechosas, bloquear transacciones fraudulentas o reaccionar ante posibles errores.

Para Fernández, el diseño de una infraestructura interoperable debe incorporar motores antifraude capaces de operar en tiempo real. Estos sistemas, apoyados en machine learning, pueden aprender los patrones habituales de las transacciones y detectar comportamientos que se apartan de ellos.

“Los sistemas aprenden de los patrones de una transaccionalidad normal y detectan los comportamientos que se apartan de ella. En tiempo real, pueden identificar cuando algo está fuera de lo común”, dice.

La clave está en que estos motores no solo emitan alertas, sino que también permitan actuar. Según el uso que se les dé, podrían bloquear en tiempo real las transacciones de un usuario o una entidad cuando detecten un patrón anómalo.

Este será uno de los principales puntos de tensión para el ecosistema: a mayor interoperabilidad y velocidad, mayor necesidad de confianza. Si los pagos digitales buscan reemplazar parte del uso del efectivo, no basta con que sean rápidos; también deben ser seguros, trazables y comprensibles para el usuario.

Competir sobre una infraestructura común

La interoperabilidad suele plantearse como un desafío técnico, pero también depende de los incentivos. Si las reglas no son claras o la infraestructura resulta costosa para los nuevos participantes, el sistema podría terminar reproduciendo las mismas concentraciones que busca resolver.

Por ello, Fernández considera que el rol del Estado y del BCRP debe centrarse en establecer reglas de juego claras y fomentar la competencia. Bajo esta lógica, la infraestructura común no debería ser un fin en sí mismo, sino la base para que bancos, cajas, fintech y billeteras compitan mediante mejores servicios, costos más eficientes y propuestas adaptadas a distintos perfiles de usuarios.

“Si se fomenta la competencia y se proporcionan herramientas para que distintos tipos de participantes accedan al ecosistema, el principal beneficiado será el usuario final”, asegura.

La posibilidad de apoyarse en una infraestructura ya desarrollada también puede cambiar el foco de la inversión. Si una fintech o una caja no tiene que destinar buena parte de sus recursos a resolver la conexión técnica, puede concentrarse en innovar en la experiencia, la atención, la segmentación de clientes o el desarrollo de productos.

“Cuando una empresa no tiene que preocuparse por desarrollar toda la infraestructura necesaria para acceder a un ecosistema como TAPP, sino que puede apoyarse en una compañía como KasNet, puede concentrarse en innovar. Ahí es donde surgen nuevos productos y funcionalidades”, agrega.

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