Antes que nada, un disclaimer: estoy escribiendo este artículo a pocos días de que empiece el Mundial 2026. No sé cuán vigentes quedarán estas reflexiones de aquí a un par de meses. Veremos.
Entre muchos otros hitos, este Mundial será el primero en contar con tres jugadores que marcarán un récord de presencias en esta cita: Guillermo “Memo” Ochoa (40 años, México), Lionel Messi (38, Argentina) y Cristiano Ronaldo (41, Portugal) —por estricto orden de aparición según el fixture de la competencia— jugarán su sexto Mundial de fútbol. Serían algo así como la Generación Silver del fútbol, los Futsilver, aunque ninguno exhibe canas hasta el momento.
¿Por qué recién ahora —luego de casi un siglo de campeonatos mundiales— se bate ese récord?
Esencialmente, porque estos tres jugadores permanecen vigentes y sus entrenadores han considerado que el valor que aportan —ya sea en el campo, en el vestuario, para la afición o un poco en cada caso— supera algunas limitaciones físicas que la edad inevitablemente impone. Han asumido el riesgo de convocarlos por conveniencia, no por piedad ni por mero homenaje.
Es cierto que en la actualidad se cuenta con avances científicos —alimentación, rutinas de entrenamiento, conocimientos médicos, etc.— que quizá hubieran permitido a otros, si hubieran contado con ellos en su momento, llegar a ese récord antes. Pero cada quien es fruto también del tiempo que le toca vivir, y se trata también de saber aprovecharlo.
Más allá de la metáfora futbolera, sí es posible extraer algunas conclusiones de esta generación de Futsilver para los líderes de las organizaciones.
La brecha entre el discurso y la realidad es concreta: muchas organizaciones declaran valorar la diversidad generacional. Sin embargo, a la hora de contratar, promocionar o desvincular, suelen enviar señales muy distintas.
Al ver artículos o posteos en redes sociales referidos al tema —la vigencia de la generación silver—, el tono general de muchos de ellos es: “todavía somos valiosos”, acompañado de una lista de aquellos factores diferenciales que parecerían ser necesarios y que los más jóvenes aún no poseen. Estoy de acuerdo con muchos de ellos:
➡️ El temple adquirido luego de haber atravesado múltiples crisis políticas y económicas, así como cambios tecnológicos.
➡️ Cierta independencia de la tecnología, que permite operar y resolver cuando no hay wifi, acceso a datos o batería en los celulares. Inteligencia artesanal, le dicen algunos.
➡️ En varios casos, la disponibilidad de tiempo para trabajar, viajar y estudiar cuando los hijos ya han crecido y no requieren padres tan presentes.
Todo eso está muy bien, sin duda. Sin embargo, resulta insuficiente si la percepción que tiene el mercado es de obsolescencia inminente, o si el mensaje se escucha en tono piadoso.
Nadie contrata experiencia para exhibirla en una vitrina. Eso se hace con las copas y las medallas que testimonian un pasado glorioso. Hoy se contrata para resolver problemas actuales; si contar con experiencia sirve para ello, adelante entonces.
Ideas escuchadas por aquí y por allá —y algunas propias—. Resulta necesario:
- Comprender el signo de los tiempos: tendencias y avances tecnológicos.
- Alimentar la curiosidad en sentido amplio: no solo la del área de conocimiento profesional, que es infaltable, sino también probar comidas nuevas, escuchar música distinta, hacer viajes exóticos, explorar nuevas geografías, acercarse a las artes y conocer culturas diferentes.
- Mantenerse físicamente en condiciones de sostener el ritmo actual.
- Permanecer sanamente inconformistas e incómodos.
- Animarse a experimentar, en el ámbito del trabajo o fuera de él.
Messi, Cristiano y Ochoa no llegaron a seis mundiales porque envejecieron mejor. Llegaron porque siguen siendo valiosos. Ojalá tengan un gran Mundial —especialmente Messi…—.
Por las dudas, les cuento que estoy próximo a cumplir 59 y a mí sí se me notan las canas.