ChatGPT está dejando de ser una herramienta utilizada principalmente para formular preguntas y obtener respuestas. Nuevos datos de OpenAI Signals muestran que, en contextos laborales, los usuarios recurren con mayor frecuencia a la inteligencia artificial (IA) para producir resultados concretos, desde editar documentos y escribir código hasta realizar análisis. Al mismo tiempo, varios países de América Latina están ganando terreno rápidamente en el mapa global de adopción.
La fotografía corresponde a mensajes enviados desde cuentas individuales de ChatGPT —Free, Go, Plus y Pro— y permite observar cómo varían los patrones de uso según país, edad y contexto. Los datos no incluyen productos empresariales ni educativos de OpenAI ni el uso de Codex, por lo que la propia compañía advierte que subestiman parte de la utilización de IA en el trabajo.
En el trabajo, hacer pesa más que preguntar
La diferencia entre el uso profesional y personal de ChatGPT muestra uno de los principales cambios en la relación de los usuarios con la IA.
A escala global, las personas tienen más del doble de probabilidades de utilizar ChatGPT para completar una tarea o crear algo cuando están trabajando que cuando lo usan fuera del ámbito laboral. En esta categoría se encuentran actividades como la edición, la programación o el análisis de información.
Fuera del trabajo ocurre algo distinto. Allí continúa predominando un comportamiento más exploratorio: buscar información, solicitar explicaciones o pedir orientación sobre distintos temas.
La diferencia es relevante para las empresas. El valor de estas herramientas ya no reside únicamente en responder consultas o resumir conocimiento disponible. Cada vez participan más directamente en la elaboración de productos de trabajo que luego deben ser revisados, utilizados o entregados por una persona.
Los datos del primer trimestre ya anticipaban esta evolución. Dentro del uso laboral en cuentas personales, la creación de materiales escritos y visuales continuaba entre las actividades predominantes, mientras otras tareas más especializadas empezaban a ganar espacio.
Latinoamérica gana terreno en el mapa global
El crecimiento tampoco está ocurriendo de manera uniforme. OpenAI mide la evolución de los países según la cantidad de mensajes enviados a ChatGPT por habitante, un indicador que permite comparar su posición relativa y no el volumen total de usuarios.
Durante el primer trimestre de 2026, República Dominicana y Haití avanzaron nueve posiciones en ese ranking respecto del trimestre anterior. México pasó del puesto 60 al 54, mientras Brasil y Costa Rica también figuraron entre los diez países que registraron los mayores ascensos.
La tendencia continuó entre abril y junio. En el segundo trimestre, Perú, Uruguay y Costa Rica fueron los países que más posiciones ganaron en la clasificación global, en un periodo en el que varias economías de América Latina, África y Oceanía avanzaron más rápido que mercados de adopción temprana.
Esto no significa que la región tenga los niveles más altos de utilización de ChatGPT. Sí muestra que la distancia respecto de algunos mercados que adoptaron antes la tecnología se está reduciendo.
Para las empresas latinoamericanas, este movimiento importa porque amplía la base de trabajadores y consumidores familiarizados con herramientas de IA y puede acelerar su incorporación a procesos empresariales, aunque los datos de Signals no permiten determinar por sí solos cuánto de ese crecimiento regional corresponde específicamente a usos laborales.
El multimedia se convierte en el uso que más crece
La otra transformación ocurre en el tipo de contenido que procesa ChatGPT. La interacción ya no está concentrada exclusivamente en texto.
Tras el lanzamiento de ChatGPT Images 2.0 en abril de 2026, los mensajes vinculados con generación, análisis y recuperación de contenido multimedia llegaron a representar 7.8% de las interacciones clasificadas a nivel mundial. Se trata del caso de uso que más crece durante el año, aunque todavía permanece por debajo de categorías como orientación práctica, escritura y búsqueda de información.
América Latina vuelve a destacar en esta categoría. En Brasil y Colombia, más de uno de cada diez mensajes enviados a ChatGPT durante el segundo trimestre fue clasificado como multimedia.
El cambio amplía las posibles aplicaciones de la IA en áreas como marketing, diseño, comunicaciones, comercio electrónico o análisis de documentos visuales. Pero también eleva las exigencias de supervisión cuando los materiales generados terminan incorporándose a procesos o entregables empresariales.
La adopción se extiende a los mayores de 35 años
El crecimiento de ChatGPT también está dejando de concentrarse exclusivamente en los grupos que suelen adoptar primero nuevas tecnologías.
Durante el último año, la participación de los mensajes enviados por personas mayores de 35 años aumentó en casi todos los países analizados. En conjunto, este segmento representa ahora una proporción de mensajes 5% mayor que doce meses atrás. Los datos consideran únicamente a usuarios que declararon su edad en la plataforma.
En mercados como Francia y República Checa, el incremento superó los diez puntos porcentuales en un año. La expansión hacia grupos de mayor edad refuerza una tendencia más amplia: ChatGPT está alcanzando una base de usuarios más diversa tanto geográfica como demográficamente.
Qué deberían mirar las empresas
Para las organizaciones, el dato más relevante no es únicamente cuántas personas utilizan ChatGPT, sino para qué lo están utilizando.
Cuando la IA pasa de recomendar una acción a producir parte del resultado —un documento, un análisis, código o una pieza visual— cambian también los riesgos que deben administrarse. La discusión deja de limitarse al acceso a la herramienta y se traslada hacia aspectos como qué información puede compartirse, qué procesos pueden apoyarse en IA, quién debe revisar los resultados y qué trazabilidad necesita cada caso de uso.
El fenómeno plantea además una diferencia entre adopción individual y adopción corporativa. Los datos de Signals reflejan principalmente el comportamiento de cuentas personales. Esto significa que parte de la incorporación de estas herramientas al trabajo puede estar ocurriendo antes de que las propias organizaciones hayan desarrollado políticas, controles o flujos formales para utilizarlas.
Para los líderes tecnológicos, por tanto, la señal es doble: la base de usuarios se amplía y la naturaleza de las tareas también está cambiando.
De experimentar con IA a incorporarla al trabajo
Los datos publicados por OpenAI no permiten concluir todavía cuánto de esta transformación se traducirá en aumentos sostenidos de productividad. Sí muestran que la utilización de ChatGPT se está diversificando: más países ganan terreno, los usuarios de mayor edad aumentan su participación y los formatos multimedia adquieren mayor peso.
Pero el cambio más relevante para las empresas ocurre dentro del trabajo. Allí, ChatGPT es utilizado con mucha mayor frecuencia para hacer que simplemente para preguntar.
La siguiente etapa de adopción corporativa dependerá, por ello, menos de decidir si los trabajadores utilizarán IA y más de determinar qué tareas pueden delegarse, bajo qué controles y con qué nivel de supervisión.