K-content en Perú: ¿cómo convertir el fandom de BTS en negocios sostenibles?

La experta Ja-Heon Lee analiza cómo la expansión de la cultura coreana abre oportunidades para el retail, la gastronomía y la producción audiovisual, y qué papel pueden desempeñar las alianzas locales para aprovecharlas.
BTS

Durante las primeras décadas del siglo XXI, el consumo de cultura coreana en Perú fue principalmente una experiencia mediada por las pantallas. Series televisivas conocidas como doramas, como Stairway to Heaven y Boys Over Flowers, acercaron progresivamente al público peruano a historias y códigos culturales que posteriormente encontrarían en el K-pop una nueva vía de expansión.

Pero algo cambió cuando aquella comunidad digital comenzó a trasladar su entusiasmo hacia experiencias, productos y servicios fuera de Internet.

Spotify dio una señal de ello en julio de 2026: Perú figuraba, junto con Estados Unidos y Japón, entre los países donde más se escuchaba a la popular banda surcoreana BTS en la plataforma. Meses después, más de 520,000 personas intentaron acceder a la preventa de entradas para sus conciertos en Lima.

El fenómeno plantea una pregunta que trasciende la industria musical: ¿cómo puede el K-content en Perú convertir una audiencia masiva en relaciones comerciales que perduren más allá de un concierto, una serie o un lanzamiento?

Para Ja-Heon Lee, ponente internacional del Simposio Internacional Corea: Comercio, Economía y Cooperación en América Latina, organizado por el Centro de Estudios de China-Asia Pacífico de la Universidad del Pacífico, el siguiente paso consiste precisamente en transformar la popularidad cultural en una actividad económica sostenible.

La música, las películas y las series pueden convertirse así en puertas de entrada a sectores como la alimentación, la belleza, el turismo, el retail y la producción audiovisual.

BTS en Perú: cuando el fandom se convierte en demanda

Los conciertos de BTS en Lima permiten dimensionar hasta dónde puede extenderse la actividad económica generada por una comunidad construida alrededor del entretenimiento.

Antes de las presentaciones, la Cámara de Comercio de Lima estimó que los espectáculos podían movilizar entre S/ 150 millones y S/ 200 millones en entradas, alojamiento, alimentación, transporte, merchandising, comercio y otros servicios.

Se trataba de una estimación de actividad económica, no de un impacto adicional ya comprobado. Sin embargo, la magnitud de la cifra permite observar que el valor asociado a un fenómeno cultural puede superar ampliamente los ingresos por la venta del contenido original.

El consumidor no solo compra una entrada. También puede desplazarse, alojarse, comer, adquirir mercancía, visitar establecimientos comerciales y consumir productos vinculados al universo cultural que sigue.

Para Lee, esta capacidad representa una oportunidad que todavía puede aprovecharse más en Perú: utilizar la atención generada por el entretenimiento para atraer consumidores hacia otras categorías de productos y servicios.

Del K-pop al retail: cómo el contenido impulsa nuevos productos

Las colaboraciones internacionales muestran cómo este interés puede trasladarse a los bienes de consumo. Oreo, por ejemplo, desarrolló en 2026 una edición limitada junto con BTS, inspirada en el hotteok, un dulce tradicional coreano.

Otro caso es ARIH, una marca de alimentos y bebidas desarrollada con la participación de BTS desde la etapa de planificación. Su portafolio incluye fideos, bebidas energéticas y otros productos que buscan trasladar el vínculo con el grupo al consumo cotidiano. Asimismo, Lotte Wellfood ha recurrido a Stray Kids para impulsar internacionalmente su marca de snacks Pepero.

Estas estrategias van más allá de colocar el rostro de un artista en un empaque. Pueden involucrar el desarrollo de productos, el uso de propiedad intelectual, campañas publicitarias y experiencias capaces de transformar la afinidad por un artista en una primera experiencia de consumo.

La Encuesta Internacional de Hallyu 2026 ofrece una pista sobre ese efecto: el 64.8% de los consumidores consultados señaló que el Hallyu influye en sus decisiones de compra de productos y servicios coreanos. Los alimentos y los productos de belleza figuran, además, entre las categorías con mayor potencial para beneficiarse de esa exposición cultural.

Pero existe una condición fundamental: que el producto esté disponible. Una persona puede descubrir una bebida, un cosmético o un alimento en TikTok, un videoclip o una serie. Sin embargo, si después no lo encuentra en un supermercado, una tienda de conveniencia o una plataforma de comercio electrónico, difícilmente ese interés se traducirá en una compra.

K-content en Perú: convertir visibilidad en compra

El retail local comienza a desempeñar ese papel de conexión. Tiendas peruanas ya han incorporado productos asociados a las tendencias coreanas y han experimentado con campañas vinculadas al K-pop y BTS.

Para Lee, los creadores de contenido peruanos también pueden convertirse en intermediarios culturales.

Su función no tendría que limitarse a mostrar un producto coreano. También podrían explicar cómo consumirlo, incorporarlo a recetas locales o presentarlo de una manera que conecte con los códigos y hábitos del público peruano.

Este enfoque resulta especialmente relevante para la gastronomía. Perú y Corea poseen identidades culinarias reconocibles, mientras que Lima cuenta con un posicionamiento internacional como destino gastronómico.

Una colaboración podría, por ejemplo, combinar un producto coreano con ingredientes, recetas o creadores peruanos, reduciendo así la distancia cultural que puede existir frente a un alimento desconocido. El reto ya no sería despertar curiosidad, sino lograr que el consumidor pruebe el producto, vuelva a comprarlo y pueda encontrarlo con facilidad.

¿Puede Perú convertirse también en productor de K-content?

La oportunidad no se limita a importar contenidos o productos. Lee considera que Perú también puede convertirse en un socio de producción para compañías coreanas. El país cuenta con atractivos culturales y naturales reconocidos internacionalmente, como Machu Picchu, los Andes, la Amazonía, la herencia inca y una gastronomía con proyección global.

Sin embargo, disponer de escenarios atractivos no es suficiente. La especialista propone desarrollar coproducciones concebidas desde el inicio para audiencias internacionales, combinando el conocimiento local con la experiencia coreana en producción, distribución y marketing.

Una serie o documental sobre gastronomía peruana, por ejemplo, podría integrar a cocineros, agricultores y comunidades, así como productos y destinos turísticos. La diferencia estaría en planificar desde el inicio no solo el contenido, sino también su distribución y las oportunidades comerciales asociadas.

Empresas coreanas como CJ aplican una lógica similar. KCON combina conciertos de K-pop con experiencias vinculadas al K-food, K-beauty y otras categorías del estilo de vida coreano, convirtiendo un festival musical en una plataforma de promoción para distintas industrias.

Así, el contenido deja de ser únicamente un producto comercializable y se convierte también en un vehículo para impulsar las ventas de otras categorías.

Creadores peruanos: identidad local frente al mercado coreano

La relación también puede funcionar en sentido contrario. Para Lee, los creadores peruanos tienen historias, perspectivas y elementos culturales con potencial para diferenciarse en Corea.

El principal desafío es ganar visibilidad en un mercado donde las tendencias evolucionan rápidamente. La traducción, la adaptación al idioma y la cultura coreanos, la elección de plataformas y los formatos promocionales pueden determinar qué contenidos logran captar la atención del público.

Una alternativa es establecer alianzas con especialistas coreanos en marketing de contenidos. Así, el creador peruano podría concentrarse en desarrollar una historia con identidad propia, mientras que su socio se encargaría de adaptar los formatos, la distribución y la promoción al mercado de destino.

La clave, según la experta, consiste en adaptar el contenido sin perder su identidad original. Ingresar al mercado coreano no debería implicar convertir una historia peruana en una imitación de lo que ya producen las empresas de ese país.

¿Se puede convertir una moda en consumo recurrente?

Un concierto puede llenar un estadio. Una colaboración puede agotar una edición limitada. Una serie puede convertir un plato coreano en una de las búsquedas más populares de la semana. Sin embargo, ninguno de estos acontecimientos demuestra, por sí solo, la existencia de un negocio sostenible.

Para Lee, la diferencia surge cuando el interés cultural se traduce en compras recurrentes, relaciones estables con distribuidores, alianzas locales y reinversión en nuevos proyectos. Este aspecto resulta especialmente relevante para las empresas que buscan aprovechar el crecimiento del K-content en Perú.

Comparte:

Secciones

Recibe consejos y recursos gratuitos directamente en tu bandeja de entrada.

Últimos artículos

Súmate a Sectoriales

Suscríbete para recibir en tu correo contenidos especializados sobre los temas que impactan a tu sector. Elige una o más verticales y forma parte de la comunidad de Sectoriales.

¡Obtén el Especial Pregrado 2026!

Déjanos tus datos y descarga nuestro informe al instante.

¡Obtén tu informe en un instante!

Déjanos tus datos y descarga nuestro informe al instante.

¡Obtén tu informe en un instante!

Déjanos tus datos y descarga nuestro informe al instante.

¡Obtén tu informe en un instante!

Déjanos tus datos y descarga nuestro informe al instante.

¡Obtén tu informe en un instante!

Déjanos tus datos y descarga nuestro informe al instante.