Un eventual puerto espacial en el Perú necesitaría más que una plataforma desde donde lanzar cohetes. Accesos por carretera y puertos, proveedores de distintos tipos de combustibles y una base académica cercana forman parte de las condiciones que deberían acompañar una infraestructura de este tipo. Para Carlos Caballero León, senador y exjefe institucional de la Comisión Nacional de Investigación y Desarrollo Aeroespacial (CONIDA), es precisamente alrededor de esas necesidades donde podría comenzar a formarse una actividad económica que hoy tiene un desarrollo todavía incipiente en el país.
“Sueño con ver peruanos haciendo negocios a partir de las capacidades espaciales”, afirmó Caballero durante el primer episodio de Beyond tech, podcast de Semana Económica y Seminarium conducido por Carlos Calderón, director de la Academia de Datos, Inteligencia Artificial y Ciencias de la Computación de la UTEC.
El proyecto ha comenzado a avanzar en el terreno institucional. Este año, el Estado oficializó una ley que declara de interés nacional y necesidad pública la creación de un puerto espacial en territorio peruano. La norma busca promover los estudios correspondientes y encarga al Ministerio de Defensa coordinar las acciones dentro de sus competencias.
Caballero sostuvo durante la entrevista que la ubicación definitiva todavía está pendiente. Aunque inicialmente se evaluó Talara, señaló que la zona de Chiclayo estaría mostrando mejores condiciones.

La oportunidad que Caballero describió está asociada a la expansión del denominado New Space, una transformación de la industria espacial en la que las empresas privadas han adquirido un papel mucho mayor. Durante las primeras décadas de la carrera espacial, recordó el especialista, los principales actores eran los Estados y sus agencias. Con el tiempo, la reducción de costos y la aparición de nuevos modelos de negocio abrieron el mercado a startups y compañías privadas.
Para el Perú, eso plantea una pregunta distinta a la de simplemente contar o no con infraestructura espacial: cuánto valor podría capturar localmente si el proyecto avanza.
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De un satélite a nuevas capacidades
En 2016, cuando fue puesto en órbita el PerúSAT-1, satélite de observación terrestre operado por CONIDA, el Perú ingresó a la era espacial.
A juicio de Caballero, este hecho no se limitó al activo tecnológico. Antes de esa etapa, indicó, el país tenía pocos profesionales especializados en asuntos espaciales. En los años posteriores aumentaron la formación, los intercambios internacionales y el número de expertos vinculados al sector.
La misma lógica podría ampliarse alrededor de un puerto espacial. Caballero explicó que los análisis para escoger una ubicación consideran no solo factores geográficos, sino también la facilidad de acceso por puertos marítimos, carreteras o ferrocarriles, la existencia de proveedores y la presencia de universidades en el entorno.
Es allí donde aparece una de las principales derivadas económicas del proyecto. Una operación espacial necesitaría servicios e infraestructura alrededor suyo y, potencialmente, podría generar demanda por capacidades que hoy tienen poca escala en el mercado local.
Ese impacto, sin embargo, no sería automático. Convertir el proyecto en oportunidades para proveedores peruanos, empleo especializado o nuevas empresas tecnológicas dependerá también de la capacidad del país para desarrollar conocimiento, infraestructura y una oferta empresarial capaz de atender esas necesidades.
Conectividad, una aplicación más inmediata
Más allá del eventual puerto espacial, Caballero identificó las comunicaciones satelitales como una aplicación mucho más cercana de la economía espacial para el Perú.
“Tenemos que comunicar a todos los peruanos”, aseguró en Beyond tech. Como referencia, citó un estudio que realizó en 2020 según el cual solo el 12% de los centros poblados considerados tenía entonces conexión de banda ancha mediante fibra óptica.
El exjefe de CONIDA también cuestionó la fragmentación del gasto estatal en comunicaciones satelitales. Según los cálculos que presentó durante la entrevista, distintas entidades públicas destinaban en conjunto entre US$ 35 millones y US$ 52 millones anuales a estos servicios.
Su planteamiento es evaluar si la agregación de esa demanda permitiría acceder a infraestructura satelital propia de mayor escala y extender la conectividad. “Lo que antes era inaccesible, ahora es muy cercano a nosotros”, dijo Caballero al referirse a la reducción de costos de estas tecnologías.
El próximo paso aún no está asegurado
Durante la entrevista también se abordó la cooperación entre el Perú y Estados Unidos. Caballero remarcó que se venía preparando una campaña conjunta con la NASA para el lanzamiento de cohetes sonda científicos desde Punta Lobos en 2028, que podría funcionar como antecedente para futuros desarrollos espaciales en el país.
La última actualización pública de la NASA sobre el denominado Proyecto Cielo precisa que el desarrollo de la campaña en el Perú fue puesto en pausa y que todavía no se ha reanudado el proceso para recibir propuestas.
Sin embargo, la discusión que abre el proyecto trasciende el momento en que pueda ocurrir un primer lanzamiento. Si avanza, una de las principales preguntas será cuánto de la infraestructura, el conocimiento, los proveedores y los servicios necesarios para sostener esa actividad podrá desarrollarse dentro del país. Allí estaría la posibilidad de convertir una iniciativa espacial en una nueva capacidad económica para el Perú.
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