BCP: ¿cómo un banco puede hablar el mismo idioma que sus clientes para prevenir problemas financieros?

Anna Lenka Jáuregui, gerenta de Marketing y Comunicaciones del Banco de Crédito del Perú, detalla cómo la entidad usa el entretenimiento y campañas sobre fraude, endeudamiento y educación financiera para acercar herramientas prácticas sin caer en tecnicismos ni alarmismo.

¿Cómo buscamos educación financiera cuando necesitamos tomar mejores decisiones? Internet ofrece una amplia variedad de alternativas, desde fintech hasta influencers. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Podemos aprender a gestionar tarjetas de crédito, abrir cuentas de ahorro u organizar nuestras finanzas. Pero, ¿qué ocurre cuando esa búsqueda también nos expone a falsos gurús que prometen fórmulas rápidas para ganar dinero? A ese riesgo se suman nuevas modalidades de estafa que hoy pueden estar apenas a un código QR de distancia.

Según la SBS, el 67% de adultos en el Perú ya contaba con una cuenta o billetera digital, un avance significativo frente al 42% registrado en 2020. Este crecimiento plantea a los bancos reforzar sus mecanismos de seguridad y, al mismo tiempo, comunicar mejor los riesgos financieros para ayudar a sus clientes a reconocerlos. 

Frente a estas expectativas de simpleza e inmediatez, el Banco de Crédito del Perú (BCP) enfrenta una doble tarea: acercar la educación financiera a sus clientes sin recurrir a tecnicismos innecesarios y abordar la vulnerabilidad económica sin convertirla en un recurso publicitario.

Para consolidar ese rol de “aliado financiero”, el BCP ha desarrollado campañas como “Yo creo”, “El circo del Cuy Mágico” y “El precio invisible”, enfocada en visibilizar el costo emocional del endeudamiento. A ellas se suma la continuidad de la serie “En la mente del villano”,. 

Conversamos con Anna Lenka Jáuregui, gerenta de Marketing y Comunicaciones del BCP, sobre cómo la confianza en una institución financiera puede contribuir a fidelizar clientes, pero también a promover hábitos de prevención y educación financiera que trascienden la relación con un banco específico.

Para una marca financiera de larga trayectoria como el BCP, con más de 100 años de historia, ¿cuáles son los mayores desafíos frente a la competencia de otros bancos y a las nuevas expectativas de los usuarios?

En el BCP sentimos que el reto más grande no necesariamente está en competir con otros bancos. Somos muy conscientes de que, en realidad, competimos con nuevos estándares de experiencia que vienen de otras industrias.

El cliente ya no nos compara únicamente con otras entidades financieras, sino con las aplicaciones más simples que usa en su día a día. Y eso representa un reto enorme para una marca que atiende a más de 16 millones de peruanos.

El desafío está en seguir sosteniendo la confianza de nuestros clientes y, al mismo tiempo, ofrecerles experiencias simples y soluciones inmediatas. Vivimos en un mundo en el que al consumidor no le gusta esperar: demanda una respuesta inmediata. Eso nos exige construir una experiencia distintiva, pero bajo los términos y las expectativas que el cliente tiene sobre nosotros.

La campaña “Yo creo”, lanzada a inicios de 2026, consistió en difundir noticias positivas en medios de comunicación de gran alcance. ¿Cómo surgió esta idea y cómo se construye una narrativa esperanzadora sin que suene forzada o desconectada de los problemas cotidianos del país?

“Yo creo” nació de una lectura muy simple del contexto que vivimos en el Perú. Somos un país complejo y, en los últimos años, hemos atravesado una serie de acontecimientos que han generado mucha incertidumbre en la población. Basta pensar que hemos tenido ocho presidentes en diez años para entender el nivel de incertidumbre.

Ahí es donde nosotros, como una marca que quiere ser aliada de los peruanos, pensamos que podíamos cumplir un rol: generar una conversación distinta o, al menos, ayudar a equilibrar un poco la conversación.

No queremos caer en un exceso de optimismo, pero sí creemos que es muy relevante que los peruanos volvamos a creer en el Perú. Desde el BCP somos una marca con 136 años de historia, creemos en el país y queremos motivar esa confianza en los peruanos. Queremos transmitir la idea de que sí es posible generar cambios positivos.

Además, lo hicimos a partir de hechos concretos. Tenemos un diseñador peruano que salió de Gamarra y llegó a desfiles de moda en Milán. Todos conocen a nuestra campeona mundial de surf, pero también tenemos un campeón mundial de squash. Tenemos una gastronomía que es protagonista en el mundo.

Entonces, hay muchísimas cosas para resaltar, motivos para sentirnos orgullosos y razones para creer que sí es posible. Eso buscaba esta campaña: mostrar que el Perú es un país lleno de recursos y oportunidades, sin caer en un falso optimismo, pero reconociendo una premisa clave: para que las cosas sucedan, lo primero que tiene que pasar es que los peruanos creamos que es posible y confiemos en nuestro país.

Recientemente, el Cuy Mágico ha protagonizado nuevas campañas, como “Productos que enseñan”, orientada a promover la educación financiera en supermercados. El año pasado, el personaje también tuvo su propio circo. ¿Cómo ha evolucionado su rol y cómo aplican el entretenimiento para informar sobre temas financieros?

El Cuy Mágico nos permite conectar. Nos ayuda a llegar a las personas y a bajar la barrera de entrada. El problema con la educación financiera es que muchas veces se intenta abordar desde términos muy técnicos. Y cuando el lenguaje es demasiado técnico, eso desconecta a la gente.

Por eso, la estrategia de edutainment que tenemos en el BCP apunta, primero, a generar conexión con las personas. Se trata de no hablar desde el lenguaje del banco, sino desde el lenguaje de las personas, para poder conectar mejor. El Cuy Mágico, el circo del Cuy Mágico y nuestra serie "Quinto piso" forman parte de esa estrategia. Nos permiten llegar a través del entretenimiento.

Pero el entretenimiento es un medio, no el fin. El objetivo final es darles a las personas herramientas para que puedan tomar mejores decisiones financieras.

Muchas marcas hablan de la importancia de masificar la educación financiera. Sin embargo, también circulan en el entorno digital influencers, publicidad engañosa y supuestas oportunidades para ganar dinero rápido. ¿Qué estrategia sigue el BCP para educar financieramente de forma atractiva y, al mismo tiempo, ayudar a sus clientes a reconocer información fraudulenta?

Todo lo relacionado con seguridad —no solo las fake news— se ha convertido en una preocupación muy relevante para nuestros clientes. Y es algo en lo que también estamos muy enfocados desde el frente de educación financiera.

Tenemos una estrategia de educación en prevención de fraude con la que buscamos, nuevamente a través del entretenimiento y hablando en el lenguaje de las personas, brindar herramientas útiles.

No queremos ofrecer soluciones ni fórmulas mágicas, pero sí recursos que ayuden a identificar y prevenir situaciones de fraude. Por ejemplo, reconocer comunicaciones engañosas o momentos en los que alguien puede pedir información confidencial sobre sus productos financieros o sus tarjetas, información que no deberían compartir.

Así como los bancos y la industria financiera evolucionan, el fraude también avanza al mismo ritmo. Por eso, sentimos que es muy importante educar a nuestros clientes para que estén mejor preparados y cuenten con herramientas que les permitan enfrentar este tipo de situaciones.

Sobre todo, compartimos siempre una reflexión: en la prevención del fraude y en la seguridad, la responsabilidad es compartida. Desde el BCP, como banco, perfeccionamos y sofisticamos constantemente nuestras herramientas de monitoreo y seguridad. Pero también existe un rol del cliente: aprender a protegerse.

¿Crees que la seguridad digital es hoy una forma de construir confianza de marca? ¿Cómo se comunica el riesgo sin generar miedo ni trasladar toda la responsabilidad al cliente?

Sí, sin duda. Como marca, aspiramos a que nuestros clientes nos perciban como su aliado financiero.

Y un aliado no es solo quien ofrece las mejores soluciones, los mejores productos o una buena asesoría. También es quien te enseña a manejar mejor tu dinero y, en un contexto de tanta inseguridad como el que vivimos, quien te enseña a cuidarte.

Eso es lo que buscamos con la serie “En la mente del villano”. No queremos generar miedo, pero sí ayudar a las personas a reconocer situaciones reales en las que podrían estar expuestas a un fraude.

La serie muestra cómo, en la vida cotidiana, una persona puede enfrentarse a intentos de estafa o a pedidos de información confidencial. Es en esos momentos donde buscamos activar una alerta.

Ayudamos al cliente a identificar esos momentos en los que debe estar atento: alerta para no dar información de más, para no proporcionar datos sensibles o para no entregar su tarjeta de crédito a un extraño.

Son situaciones cotidianas en las que buscamos que el cliente se sienta más confiado, más preparado y con mayor capacidad para identificar posibles fraudes. Finalmente, eso también es lo que hace un verdadero aliado: ayudar a sus clientes a protegerse.

El año pasado, el BCP lanzó “El precio invisible”, una campaña que muestra con un tono más dramático las consecuencias emocionales que pueden derivarse de los problemas financieros. Desde la perspectiva del marketing, ¿cómo se aborda la vulnerabilidad económica sin convertir el malestar financiero en un recurso publicitario?

Con esta campaña, lo que buscamos es romper el tabú que todavía existe alrededor de los problemas financieros.

Sabemos, porque lo hemos investigado con clientes y a través de distintos estudios, que el manejo del dinero no es algo que necesariamente se enseñe en el colegio o en la universidad, pese a que es una información fundamental para desenvolverse en la vida adulta.

Por eso, muchas personas terminan enfrentando situaciones de estrés y ansiedad porque no saben qué hacer ante un problema financiero. Desde el frente de educación financiera, lo primero es romper ese tabú: no debemos evitar hablar de problemas financieros; tenemos que hablar de ellos.

Cuando una persona tiene un problema, puede pedir ayuda en su entorno, pero también puede requerirla en el banco. Eso es lo que buscamos con esta campaña: visibilizar una situación que muchas personas viven, ese estrés y esa ansiedad que muchas veces no se reflejan hacia afuera, pero que sí se sienten en privado.

Sobre todo, buscamos ofrecer herramientas y posibles soluciones. No queremos quedarnos solo en mostrar una situación negativa o de malestar, sino ayudar a las personas a reflexionar sobre qué alternativas tienen para enfrentarla.

Es un tema delicado, pero buscamos abordarlo con mucho respeto y con consistencia respecto de la forma en que venimos educando a nuestros clientes a través de nuestra estrategia de educación financiera.

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