Kaman: la apuesta de Arequipa por potenciar la innovación tecnológica en el sur peruano

La incubadora creada por la Universidad Católica San Pablo en 2015 abrió una ruta para descentralizar el emprendimiento tecnológico. Una década después, su impacto se expresa en startups con tracción, mayor acceso a fondos y soluciones nacidas desde el territorio con capacidad de escalar.

¿Cómo pueden las universidades peruanas impartir conocimiento y, al mismo tiempo, contribuir a la digitalización de la economía?

Algunos pensarán en la creación de carreras de pregrado vinculadas con la ciberseguridad o el análisis de datos. Lo mismo podría decirse de los programas de posgrado. Pero esas no son las únicas vías. Existe también otra ruta con alto potencial: las incubadoras de negocios.

Se trata de organizaciones que acompañan a emprendedores y startups en sus primeras etapas de desarrollo. No solo brindan consejos: buscan convertir ideas novedosas en negocios viables mediante herramientas como mentoría, validación de mercado, redes de contacto e incluso financiamiento.

Según ProInnóvate, las incubadoras cumplen un papel clave en el impulso de programas de aceleración enfocados en ventas, levantamiento de capital e internacionalización.

El rol de las incubadoras universitarias 

En el Perú, este modelo se fue consolidando de manera gradual entre universidades limeñas a través de iniciativas como Innova ESAN, Emprende UP y Start UPC, por mencionar algunas. Sin embargo, en las universidades de provincias la tendencia tardó más en tomar forma. Ese escenario empezó a cambiar en 2015, cuando la Universidad Católica San Pablo de Arequipa (UCSP) creó Kaman, la primera incubadora universitaria del sur del país.

Desde su fundación, el proyecto ha buscado impulsar “emprendimientos innovadores, tecnológicos y sostenibles”. En esa línea, durante su primera década de existencia ha apoyado a más de 160 emprendedores y contribuido al levantamiento de alrededor de US$ 3.8 millones para iniciativas vinculadas con el ecosistema regional.

“La llegada de las incubadoras al sur marcó un punto de quiebre. No habría sido posible sin el apoyo de ProInnóvate y del Ministerio de la Producción, que impulsaron la creación y el fortalecimiento de las primeras incubadoras, tanto en Lima como fuera de la capital. Pero no se trata solo de infraestructura institucional. También empezó a formarse una cultura de emprendimiento e innovación. Comenzamos a hablar un lenguaje común sobre startups, inversión, colaboración y escalamiento. Eso ayuda mucho”, explica a Sectoriales Tech Karen Gutiérrez, jefa de sección de la incubadora de negocios Kaman de la UCSP.

El sistema de apoyo a emprendedores de Kaman comprende una oferta de servicios que va desde la incubación, orientada a validar el modelo de negocio, hasta la aceleración, enfocada en consolidar el crecimiento.

En paralelo, la incubadora ofrece espacios colaborativos de trabajo, mentorías y capacitaciones para conectar a sus usuarios con potenciales inversionistas.

Cooperar antes que competir

Cabe destacar que, en los años posteriores, otras universidades del sur siguieron el camino abierto por Kaman. La Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, por ejemplo, desarrolló Paqarina Wasi, mientras que la Universidad Privada de Tacna y la Universidad Nacional de Moquegua también lanzaron sus propias incubadoras.

“Este crecimiento es muy positivo, porque permite que los emprendedores estén mucho más acompañados. Cuando estas incubadoras no existían, o eran muy pocas, muchas veces los emprendedores no se enteraban de las convocatorias del Estado o no sabían cómo postular a fondos públicos, ni si eran reembolsables o no reembolsables. Había una gran distancia entre las oportunidades y quienes podían aprovecharlas”, recuerda Gutiérrez, quien destaca que hoy Arequipa ya tiene otras dos incubadoras, además de Kaman.

Gutiérrez considera que es un error ver a las incubadoras como rivales. A su juicio, la colaboración entre pares facilita el intercambio de conocimientos y, con ello, amplía las oportunidades de escalamiento para las startups.

De hecho, sostiene que ese cambio cultural ya ha echado raíces en Arequipa. Según indica, en 2025 la región registró la mayor cantidad de proyectos ganadores en fondos concursables de ProInnóvate desde que la entidad inició operaciones en 2007.

“Este logro demuestra que Arequipa ya cuenta con emprendimientos con el potencial suficiente para competir y ganar este tipo de fondos. Al mismo tiempo, evidencia una apuesta creciente por invertir en iniciativas innovadoras y tecnológicas”, señala Gutiérrez.

¿Cómo se traduce eso en la práctica? La docente de la UCSP menciona el caso de Dentito, un emprendimiento incubado en Kaman. Se trata de un agente de inteligencia artificial orientado a mejorar la gestión administrativa de los consultorios dentales. La herramienta apunta a resolver un problema concreto: en muchos casos, los propios dentistas terminan asumiendo tareas como agendar citas o gestionar procesos administrativos.

¿Es posible aplicar IA en la odontología?

Al no delegar esas funciones, pueden generarse pérdidas de clientes, una atención deficiente e ineficiencias operativas. Para remediarlo, Dentito utiliza inteligencia artificial para automatizar tareas como agendar y cancelar citas, además de hacer seguimiento a la evolución de los pacientes. Según Kaman, la herramienta permite reducir hasta en 80% el tiempo destinado a labores administrativas y mejorar en 25% la retención de pacientes. Además, al responder consultas frecuentes, se adapta a la preferencia de los peruanos por los mensajes antes que por las llamadas telefónicas.

“Lo relevante del caso es que el emprendimiento logró validar su propuesta en el mercado, generar ventas y alcanzar un nivel de desarrollo tal que terminó siendo adquirido por una empresa mucho más grande del sector. Ese es, claramente, un caso de éxito y una muestra del valor del trabajo multidisciplinario”, añade Gutiérrez.

La resolución de problemáticas

Si bien la especialista sostiene que Kaman trabaja con soluciones tecnológicas de distintos sectores, hay tres ejes que suelen repetirse: productividad, acceso a servicios y sostenibilidad. Muchos emprendedores, además, tienden a enfocarse en problemas que conocen de cerca en su entorno cotidiano, lo que favorece propuestas más conectadas con las necesidades concretas del territorio.

Una muestra de ello es Sellient.ai, una startup que desarrolla una plataforma de inteligencia artificial para automatizar las ventas de las pymes. A la vez, Kaman también acompaña emprendimientos orientados al cumplimiento legal en sectores como la minería.

“A esto se suman soluciones con un fuerte componente social, especialmente en educación. Tenemos un tutor de IA para niños, orientado al desarrollo del lenguaje y pensado para zonas altoandinas con acceso limitado. Lo interesante es que puede funcionar sin conexión a Internet, lo que amplía su alcance en áreas rurales, donde la oferta educativa suele ser insuficiente”, cuenta Gutiérrez.

Estas historias de innovación muestran cómo las incubadoras universitarias pueden contribuir a descentralizar el emprendimiento tecnológico. Pero el desafío ya no pasa solo por demostrar que fuera de Lima también existe talento. Pasa, sobre todo, por construir las condiciones para que esas ideas escalen, accedan a financiamiento y se conviertan en soluciones capaces de responder, con mayor eficacia, a problemas sociales persistentes.

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