El Jockey Plaza calienta motores para cumplir tres décadas de trayectoria con una transformación que redefine su propuesta de valor: pasar de centro comercial a ecosistema multifuncional. En 2024, el mall registró ingresos superiores a US$ 96 millones y una afluencia cercana a 20 millones de visitantes al año.
Ese desempeño responde a la llegada de nuevas marcas locales e internacionales —como El Pan de la Chola en gastronomía, Dolce & Gabbana en moda y Bungu en accesorios—, así como a la diversificación de su oferta con servicios como coworkings y gimnasios. En paralelo, el Jockey Plaza proyecta abrir, antes de Navidad, un outlet premium con una inversión aproximada de US$20 millones, lo que reforzará aún más su portafolio de marcas.
¿Cómo sostener esta tendencia ascendente en un escenario en el que el e-commerce amplía casi sin límites la oferta disponible y puede restarle protagonismo a la tienda física? Para Mariana Becerra, directora comercial de Marketing y Nuevos Negocios del Jockey Plaza, crecer en metros cuadrados no es el único camino para competir, sino una mezcla de buena gestión de marcas y logística de última milla.
Desde la mirada de un operador masivo de retail como Jockey Plaza, ¿cuál es hoy el mayor error del retail físico al intentar seguir siendo relevante frente a un consumidor cada vez más exigente?
Creo que la mayoría de marcas ya entendió que no puede enfocarse únicamente en el precio ni competir solo desde los descuentos. Es cierto que el consumidor peruano sigue muy atento a las promociones, pero esa no puede ser la única estrategia. Como también se ha discutido en el Congreso Internacional del Retail, el sector tiene que seguir apostando por la experiencia.
Sabemos que los centros comerciales ya no compiten solo entre sí, sino también con el e-commerce, la proximidad y los cambios en los hábitos de consumo. ¿Cómo puede adaptarse el Jockey Plaza a estas nuevas demandas?
Hoy ya no se trata de hablar de competencia en términos tradicionales, sino de entender cómo el mall y la tienda física pueden complementarse con otros canales. Por un lado, el cliente puede venir al centro comercial a recoger productos que no necesariamente se venden dentro del mall. Para eso contamos con centros logísticos y alianzas con distintos operadores de última milla, que nos permiten llegar al consumidor más allá de la presencia física del Jockey Plaza.
Al mismo tiempo, el mundo físico todavía permite generar experiencias que no son posibles en el entorno digital: tocar el producto e interactuar directamente con la marca.
¿Cómo operan las alianzas con estos actores de logística de última milla?
Tenemos una alianza de varios años con Sharf y contamos con un centro de distribución que funciona casi como un dark store. Esto permite que el cliente pueda recoger y adquirir marcas que no solo están en el Jockey Plaza. En otras palabras, puede hacer sus pedidos fuera y recibirlos en el Jockey, que ya forma parte de su rutina.
Además, tenemos una plataforma llamada Jockey To Go, a través de la cual el cliente puede comprar desde cualquier lugar. Los shoppers que están en el centro comercial buscan los productos y se los enviamos a donde se encuentre. De esta manera, nos sumamos al consumo digital, pero generando la venta desde el mundo físico.
Muchas marcas hablan de mejorar sus experiencias, pero no siempre queda claro si eso realmente transforma la visita. ¿Cuándo una propuesta en retail genera valor real y cuándo corre el riesgo de volverse solo decorativa?
Lo más elemental en retail es que el cliente llega a una tienda o a un mall para satisfacer una necesidad. Todo lo demás debe contribuir a que esa búsqueda funcione. En principio, viene por un producto.
Sin embargo, cada vez hablamos más de que el cliente venga al Jockey Plaza no solo a comprar, sino también a permanecer y vivir una experiencia más amplia. En ese punto, tenemos que mirar todas las aristas: la seguridad, los espacios de descanso y la posibilidad de encontrar lo que necesita, en distintos niveles de precio, dentro de nuestras instalaciones.
También es clave conocer muy bien al cliente. Nos visitan personas de todos los distritos de Lima y de otras regiones del país, tanto solas como acompañadas. Por eso, más que la decoración, la experiencia se vuelve algo funcional para la búsqueda del producto y para el tiempo de permanencia.
El próximo año, Jockey Plaza cumple 30 años. ¿Qué riesgo corre una operación consolidada cuando empieza a confiar demasiado en su posición y tarda en releer al consumidor?
Siempre digo que un mall es un animal vivo. Uno puede diseñar una estrategia para el año siguiente, pero debe estar dispuesto a ajustarla en el camino. Creo que seguimos siendo líderes después de casi tres décadas porque tratamos de movernos muy rápido frente a las tendencias.
Eso implica analizar constantemente nuestro metro cuadrado. Si bien hemos crecido en extensión a lo largo de los años, hace tiempo mantenemos la misma superficie arrendable: 170,000 metros cuadrados. Lo que hacemos es jugar con eso y analizar muy bien la venta por metro cuadrado, para reducir ciertos conceptos y permitir que entren otros.
De hecho, incorporamos más de 60 marcas nuevas cada año al Jockey Plaza, manteniendo la misma área comercial. Eso nos obliga a movernos rápido, traer las marcas adecuadas y no quedarnos bajo la idea de “somos los mejores”, sino preguntarnos cómo podemos ser mejores que el año anterior. Se trata de superarnos constantemente. Así nacen nuevos proyectos y líneas de negocio.
Hoy contamos con un coworking, un centro de salud y un gimnasio dentro del complejo. No queremos ser solo un centro comercial, sino una ciudad que integra distintos negocios para nuestro consumidor.