¿Cómo deben preparar las empresas su continuidad operativa?

Desde servidores hasta sistemas de seguridad y procesos productivos pueden quedar comprometidos ante un corte eléctrico. Identificar qué debe mantenerse en funcionamiento, dimensionar el respaldo y probarlo antes de una contingencia son claves para reducir el riesgo.
Tecnología

Una empresa puede invertir en servidores y digitalizar buena parte de su operación. Sin embargo, existe una dependencia más elemental que suele permanecer oculta en esta transformación: la electricidad.

Cuando el suministro se interrumpe, el problema puede ir más allá de perder los avances realizados en algún programa de la computadora. También puede afectar los sistemas de comunicaciones, los equipos de seguridad y procesos productivos enteros. En la infraestructura digital crítica, además, la energía continúa siendo una de las principales causas de interrupciones.

El rol de la tecnología frente a las crisis eléctricas

El Annual Data Center Outages Analysis 2026 de Uptime Intelligence —la autoridad global en infraestructura digital— encontró que los problemas eléctricos se mantienen como la principal causa de las interrupciones con impacto en los centros de datos.

El informe señala que las fallas relacionadas con UPS (Uninterruptable Power Supply o Sistema de Alimentación Ininterrumpida, por sus siglas en inglés), sistemas de transferencia y generadores continúan teniendo un peso importante. Asimismo, el 57% de los participantes que experimentaron una interrupción relevante indicó que su incidente más reciente superó los US$ 100,000 en costos. Uno de cada cinco reportó pérdidas superiores a US$ 1 millón.

Las cifras corresponden al sector de centros de datos y no pueden trasladarse directamente a cualquier compañía. Sin embargo, muestran una realidad: la continuidad tecnológica también depende de cómo una organización gestiona su suministro energético.

¿Por qué comprar un equipo no es el primer paso ideal?

En el Perú, Osinergmin supervisa las interrupciones del servicio eléctrico mediante indicadores como SAIDI, que mide su duración, y SAIFI, que mide su frecuencia. El organismo mantiene reportes periódicos sobre estos eventos y su información pública ya comprende los primeros meses de 2026.

No obstante, contar con una alternativa de respaldo no significa necesariamente estar preparado. José Marrufo, gerente de Desarrollo de Negocios de EcoFlow, considera que uno de los principales errores consiste, precisamente, en pensar en la contingencia recién cuando ocurre.

“El principal error es simplemente no tratar de prepararse”, revela a Sectoriales Tech. En su experiencia, algunas organizaciones disponen únicamente de un UPS para mantener temporalmente determinados dispositivos encendidos, pero no han definido cómo sostendrán la operación si el corte se prolonga.

El Departamento de Energía de Estados Unidos plantea una lógica similar para los planes empresariales frente a interrupciones: antes de elegir un sistema de respaldo, la compañía debería identificar qué equipos son indispensables y cuánta potencia necesita para mantenerlos funcionando durante una emergencia. También recomienda probar periódicamente esos sistemas. Por lo tanto, la discusión comienza antes de decidir entre una batería o un generador.

¿Qué debe seguir funcionando cuando todo lo demás se apaga?

Pero no todas las áreas necesitan recibir energía con la misma prioridad. “Cada compañía debe identificar cuál es su core y qué necesita tener respaldado energéticamente”, explica Marrufo.

La respuesta varía según la operación. En una empresa que presta servicios digitales, puede ser prioritario mantener ciertos sistemas de información. En una compañía de seguridad, la videovigilancia puede ocupar ese lugar. Una planta industrial, en cambio, puede contar con equipos cuya detención abrupta genere pérdidas superiores al costo de mantener sistemas de respaldo.

CISA (Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras de Estados Unidos, por sus siglas en inglés) también sugiere que los planes de resiliencia partan de las dependencias: cuánto tiempo puede operar una organización sin algún servicio y qué funciones dependen de este. La agencia incluye las baterías y los generadores entre las alternativas disponibles, pero alerta que las soluciones deben responder a objetivos previamente definidos y someterse posteriormente a pruebas.

Esto cambia la pregunta que debería hacerse una empresa. En lugar de “¿qué batería necesito?”, tendría que comenzar por “¿qué no puedo permitirme apagar?”. Solo después corresponde dimensionar la solución.

Los UPS, generadores y baterías no resuelven los mismos problemas

Uno de los puntos que Marrufo enfatiza es que las estaciones de energía portátiles no deberían entenderse automáticamente como reemplazos de las tecnologías existentes. “Mucha gente piensa en una estación de energía portátil como un reemplazo, cuando yo la veo más como un complemento”, sostiene.

Un UPS está diseñado para entregar energía prácticamente de inmediato cuando falla la fuente principal y permitir que una carga continúe funcionando durante un periodo determinado. Dependiendo de su capacidad, también puede servir como puente hasta que otro sistema de respaldo entre en funcionamiento.

Un generador puede sostener cargas durante periodos más prolongados mientras exista combustible disponible. El Departamento de Energía estadounidense, por ejemplo, propone que las empresas que dependen de estos sistemas calculen previamente el consumo necesario y mantengan reservas adecuadas, además de contemplar su mantenimiento periódico.

Las soluciones basadas en baterías introducen una tercera posibilidad. Pueden almacenar electricidad de la red y, dependiendo del sistema, incorporar fuentes adicionales de recarga.

Sin embargo, no cualquier estación portátil debería conectarse a una carga crítica sin una evaluación previa. El tiempo de transferencia, la potencia de salida y la autonomía varían según el modelo.

EcoFlow, por ejemplo, declara que equipos como el DELTA 3 Plus ofrecen un tiempo de transferencia inferior a 10 milisegundos en su función UPS, una capacidad de 1 024 Wh y una salida de 1 800 W. La propia compañía aclara que los resultados de sus pruebas pueden variar según las condiciones de operación.

Por ello, una especificación comercial no reemplaza el dimensionamiento técnico. Si el objetivo es mantener servidores u otros equipos sensibles, la empresa necesita comprobar que la solución sea compatible con la carga específica que pretende proteger.

Una oficina y una mina requieren planes distintos

La diferencia se vuelve todavía más evidente cuando la operación sale de una oficina.

Marrufo menciona que una instalación con pocas estaciones de trabajo puede requerir una capacidad relativamente limitada. En minería o industria, en cambio, aparecen equipos con mayores demandas de potencia y periodos de operación diferentes.

“Hay que considerar cuánto tiempo se necesita trabajar”, precisa. “No solamente [se trata] de capacidad, es decir, que dure más tiempo, sino también de potencia”.

En ubicaciones remotas surge, además, otro problema: la fuente de respaldo también puede depender de otra infraestructura.

CISA advierte sobre estas interdependencias. Un generador, por ejemplo, puede mantener una instalación durante una interrupción, pero continúa dependiendo del suministro de combustible. La agencia aconseja evaluar qué ocurre si ese segundo servicio tampoco está disponible.

Una contingencia energética no debería diseñarse, entonces, alrededor de un único escenario ideal.

El costo no es solo cuánto vale la batería

Marrufo indica que algunas empresas todavía analizan las soluciones de respaldo principalmente en función del precio inicial.

Pero el cálculo cambia cuando se incorpora el costo de mantener la operación detenida.

Los datos de Uptime sirven como referencia para las operaciones digitales críticas: pese a que la frecuencia de las grandes interrupciones viene disminuyendo, sus costos continúan aumentando entre los operadores consultados.

Esto no significa que comprar baterías genere automáticamente un retorno determinado. De hecho, Marrufo dice que EcoFlow ha registrado periodos de recuperación de alrededor de uno o dos años en algunos proyectos realizados con empresas. Sin embargo, esa cifra corresponde a la experiencia comercial de la compañía y depende del escenario analizado.

Para calcularlo de manera más rigurosa, una organización tendría que comparar el costo total de su sistema de respaldo con el impacto económico de una interrupción y la frecuencia con la que ese riesgo puede materializarse.

CISA sugiere analizar las medidas de resiliencia a partir de una relación entre sus costos y beneficios, en lugar de asumir que una inversión física es siempre la solución adecuada.

Un plan que nunca se prueba no es realista

La última parte del problema aparece después de comprar e instalar la infraestructura. ¿Funcionará realmente cuando se interrumpa el suministro eléctrico? Marrufo afirma que EcoFlow realiza pruebas periódicas con algunos clientes y estima conveniente no dejar pasar largos periodos sin comprobar el funcionamiento del respaldo.

Más importante que establecer una frecuencia universal es incorporar estas pruebas al plan de continuidad. El Departamento de Energía recomienda verificar periódicamente los sistemas de emergencia, mientras que CISA plantea validar las soluciones de resiliencia mediante ejercicios que permitan comprobar si cumplen el objetivo para el cual fueron diseñadas.

La recuperación tecnológica también debería integrarse al plan general de continuidad del negocio. Ready.gov apoya que las estrategias de recuperación de TI se desarrollen conjuntamente con los planes de continuidad y contemplen la restauración del hardware, las aplicaciones y los datos dentro de los tiempos que exige la operación.

Así, la conversación deja de girar únicamente en torno al equipo de respaldo. Una empresa puede contar con una batería de gran capacidad, un generador o varios UPS y seguir siendo vulnerable si no sabe qué debe encender primero, durante cuánto tiempo puede mantenerlo funcionando o quién debe actuar cuando falla la red.

La resiliencia tecnológica comienza justamente allí: no en mantener todo funcionando a cualquier costo, sino en decidir qué no puede detenerse y comprobar que existe una forma realista de sostenerlo cuando se interrumpe el suministro eléctrico.

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