Por Marisol Alvarado
El pregrado enfrenta un doble reto en tiempos de inteligencia artificial: enseñar a utilizar nuevas herramientas y fortalecer el criterio para aplicarlas. El estudio de empleabilidad y formación universitaria de Aurum refleja ambas exigencias. El conocimiento y uso de IA encabeza las capacidades técnicas que deberían tener los graduados para ser competitivos en los negocios, con 81.1%. Entre las habilidades blandas, lidera el pensamiento crítico, con 59.9%, seguido muy de cerca de la adaptabilidad (57.4%).

La rápida evolución de la IA plantea dudas sobre la vigencia de lo aprendido. Como contexto internacional, el Foro Económico Mundial indica que el 28% de quienes ocupan posiciones iniciales considera que la mitad o menos de sus competencias actuales seguirá siendo relevante en tres años.
Ante esa incertidumbre, Fiorella Ferraro, vicepresidenta de Recursos Humanos de Scotiabank, destaca la disposición a seguir aprendiendo. “La curiosidad, la adaptabilidad y el pensamiento crítico van a seguir siendo diferenciales para el futuro”, explica.
La ética profesional (55.8%) y el trabajo colaborativo (51.7%) completan los cuatro primeros lugares entre las habilidades blandas. Estos resultados apuntan a la importancia de juzgar lo que produce la tecnología, tomar decisiones y trabajar con otros.

Identificar esas cualidades en un candidato supone ir más allá de sus conocimientos declarados. Paolo Tavara, director de Operaciones de Trust Services, cuenta que la firma presenta a cada postulante situaciones hipotéticas para conocer cómo actuaría ante un dilema. “Lo que responda va a depender de la escala de valores que tenga. Es así como evaluamos de manera más objetiva la ética y los valores profesionales”, señala.
Las pruebas técnicas también cambian. En 2025, Trust Services incorporó a su servicio de reclutamiento ejercicios para medir la capacidad de crear automatizaciones. Estos se suman a la revisión de otros saberes destacados en la encuesta de Aurum, como el dominio de idiomas (79.8%) y el análisis de datos (75.4%).
La transformación de los puestos de trabajo vuelve más visible la distancia entre lo que requieren las organizaciones y la preparación que reciben los jóvenes. Algunas instituciones ya enseñan a sus alumnos a utilizar IA, pero añadir contenidos no equivale necesariamente a desarrollar las aptitudes para emplearla con criterio.
“Están poniendo nuevos cursos en su currícula. Pero eso es diferente a adaptar la formación”, observa Renzo Rossi, chief human resources officer de Agrícola Cerro Prieto. A su juicio, las universidades deben prestar mayor atención a competencias blandas que conservan su trascendencia más allá de los cambios tecnológicos.
Para reducir la brecha entre las necesidades de las empresas, las expectativas de los estudiantes y la enseñanza universitaria, Ferraro, de Scotiabank, plantea una tarea concreta para las instituciones: “Podrían acercarse un poco más al mundo corporativo”.