Por Jayanth N. Kolla, profesor de Pacífico Business School y socio fundador de Convergence Catalyst
En febrero de 2023, me encontraba en Dehradun, una ciudad montañosa del estado de Uttarakhand, en la India. Como responsable de estrategia de Google Health AI, había pasado tres días intentando convencer a funcionarios de salud del estado de adoptar un proyecto de registro de salud poblacional que habíamos implementado con éxito en el sur del país.
Los funcionarios aceptaron y me pidieron una propuesta. Mi equipo estaba en Bangalore y Mumbai, y yo era el único que se encontraba allí. Así que recurrí a ChatGPT, que llevaba poco más de dos meses disponible.
Una verdad incómoda sobre la IA
En cuestión de horas, ChatGPT produjo una propuesta que alcanzaba entre el 85% y el 90% de la calidad de una que me habría tomado semanas elaborar por mi cuenta. Aquello confirmó algo que ya sospechaba: el trabajo que podía ser estandarizado había pasado a manos de la IA.
Pero aquí está lo importante: el 10% o 15% restante, la parte que requería criterio, contexto y responsabilidad, se volvió exponencialmente más valiosa. Mi valor como consultor de estrategia no disminuyó. Se multiplicó.
Este cambio está transformando nuestra manera de trabajar y, sobre todo, la forma en que nos vemos a nosotros mismos en el trabajo. La IA generativa ha hecho que el conocimiento y la inteligencia sean accesibles de manera rápida y a bajo costo.
La importancia del valor diferencial
Cuando las respuestas son abundantes e inmediatas, la propuesta de valor cambia. Ya no nos pagan por conocer las respuestas, sino por formular las preguntas adecuadas, ejercer criterio y asumir la responsabilidad por el trabajo que presentamos, ya sea que lo hayamos elaborado nosotros o con ayuda de la IA.
Estamos pasando de lo que llamo la "economía del conocimiento" a la "economía de la responsabilidad". Responsabilidad significa hacerse cargo de las decisiones y sus consecuencias. Antes de la IA, las empresas recompensaban el esfuerzo como un indicador de calidad: las horas dedicadas, la investigación realizada y la capacidad intelectual demostrada funcionaban como señales de nuestro aporte. Hoy, eso está cambiando.
¿Cómo repercute en nuestra salud mental el influjo de la IA?
Para muchos profesionales, esta transición resulta desconcertante, y es aquí donde entra en juego la salud mental. La ansiedad no surge de la IA en sí misma, sino de la velocidad del cambio y de la incertidumbre sobre aquello que nos hace valiosos.
Estamos pasando de un entorno en el que el esfuerzo era recompensado implícitamente a otro en el que se exigen velocidad y responsabilidad de manera explícita. Este choque cultural genera estrés y una especie de crisis de identidad entre los trabajadores del conocimiento.
Sin embargo, hay algo más en juego. La habilidad humana que se está volviendo más escasa no es la inteligencia ni el conocimiento técnico. Es la capacidad de discernimiento: asumir la responsabilidad por nuestro análisis, nuestras recomendaciones y nuestros resultados, y comprender plenamente sus implicancias. Es criterio. Es responsabilidad. Estas capacidades no pueden delegarse en la IA ni automatizarse. Deben construirse a través de la experiencia y la integridad.
Para los profesionales que atraviesan esta transición, el camino no consiste en competir con la IA bajo sus propias reglas. No se puede superar a una máquina en cálculo o recuperación de información.
¿Por qué no vale "dormirse en los laureles"?
En cambio, debemos subir un nivel: concentrarnos en las preguntas que hacemos, los problemas que definimos y la responsabilidad que asumimos por nuestro trabajo. Debemos desarrollar la capacidad de comprender en profundidad, juzgar con criterio y liderar con convicción las decisiones que tomamos.
Esta no es una habilidad que aparezca de la noche a la mañana. Requiere introspección, aprendizaje continuo y la disposición a respaldar nuestro análisis, incluso cuando haya sido elaborado con ayuda de la IA.
La resiliencia mental que exige este proceso es real. Pero también lo es la oportunidad. En un mundo impulsado por la IA, los profesionales más valiosos son aquellos que han aprendido a pensar en grande y asumir una mayor responsabilidad.