Por Patricio Castroagudín, Regional People & Organization en Siemens Sudamérica sin Brasil
La inteligencia artificial, la automatización y la tecnología en general están redefiniendo la forma de trabajar. Según McKinsey & Company, casi nueve de cada diez empresas (88%) ya utilizan IA de manera regular para hacer más eficientes sus procesos.
En este escenario, los empleos del futuro no solo exigirán nuevas herramientas, sino también una mentalidad distinta. La capacidad de aprender, adaptarse y encontrar propósito en lo que se hace se ha vuelto tan relevante como cualquier conocimiento técnico.
A medida que la tecnología avanza a gran velocidad, el aprendizaje dejó de ser un momento aislado para convertirse en un proceso continuo. Los conceptos de upskilling y reskilling —actualizar o adquirir nuevas habilidades— ya no son exclusivos de la alta dirección ni de los perfiles especializados.
Hoy forman parte del desarrollo cotidiano de cualquier persona que busque crecer en un entorno laboral más digital, flexible y escalable.
Para compañías de los sectores tecnológico e industrial, acompañar a los jóvenes en ese camino se ha vuelto una prioridad.
La tecnología como herramienta de avance
En Siemens, por ejemplo, impulsamos iniciativas que acercan la tecnología al aula, conectan a los estudiantes con desafíos reales y fomentan experiencias donde la innovación dialoga con el propósito.
Un ejemplo es la hackathon desarrollada junto a la Unión Industrial Argentina (UIA), donde estudiantes de distintas disciplinas trabajan en equipo para resolver desafíos de sostenibilidad, ciberseguridad, digitalización y eficiencia energética. Más que una competencia, es una experiencia que replica las exigencias del mundo laboral actual.
Pero más allá de los formatos, estas iniciativas revelan un cambio profundo en la manera en que los jóvenes conciben el trabajo. Hoy no buscan únicamente un empleo: buscan un propósito.
Quieren sentirse parte de algo que trascienda lo individual, donde la innovación tecnológica esté al servicio de un impacto positivo. Buscan proyectos que integren sostenibilidad, progreso y calidad de vida.
De acuerdo con Deloitte, nueve de cada diez miembros de la generación Z (89%) y de la generación millennial (92%) consideran que tener una meta es fundamental para su satisfacción laboral. Por lo tanto, las organizaciones que comprendan esta búsqueda y logren alinear la tecnología con valores humanos serán las que conecten con el talento del futuro.
El futuro del trabajo no estará determinado solo por la innovación, sino por la capacidad humana de darle dirección y sentido bajo modelos de escucha activa.
En un contexto donde la inteligencia artificial y la digitalización ganan terreno, la diferencia estará en nuestra habilidad para imaginar, colaborar y aprender con empatía.
Preparar a los jóvenes para ese desafío implica brindarles espacios donde puedan experimentar, equivocarse y reinventarse; donde la tecnología sea un medio para crear y no un fin en sí misma.
Porque el futuro del empleo no se espera: se construye, y comienza con la decisión de formar personas capaces de transformar su entorno.