Por Eduardo Moane, consultor en negociaciones y director de Cambridge International Consulting
Creo que en la pregunta del titular se esconde un pensamiento mágico: la idea de que uno puede adelgazar solo con desearlo, o convertirse en líder después de un taller de liderazgo, o en negociador tras un taller de negociación.
Para su verdadero desarrollo, las habilidades blandas o soft skills, que son las más difíciles de adquirir, requieren transitar por un camino inevitable.
1️⃣ Incompetencia inconsciente:
Si nunca has tomado un taller de negociación, estás en la etapa de “incompetencia inconsciente”; es decir, eres inconsciente de tu propia incompetencia, por más que te repitas mil veces que eres un gran negociador (caso Trump).
2️⃣ Incompetencia consciente:
Cuando participas en un taller de negociación —o de cualquier habilidad blanda— descubres que tenías paradigmas arraigados y que existe una metodología, un camino a seguir para ser más eficiente y efectivo.
En ese momento pasas a la etapa “incompetencia consciente”, es decir, que ahora sí eres consciente de tu incompetencia.
Ojo: en negociación todos tenemos ciertos niveles de competencia. Lo que ocurre es que, con una buena metodología y práctica, se potencian esas habilidades adquiridas a lo largo de la vida profesional.

3️⃣ Competencia consciente:
Cuando el taller termina y vuelves a la oficina, empiezas a poner en práctica lo aprendido en la capacitación —sea cual sea el tema—. En ese momento estás ejerciendo competencia consciente.
Es aquí, con la práctica, donde comienzas a generar conexiones distintas que te permiten sentirte más cómodo y ser más eficiente en aquello que buscas mejorar. En esta etapa entra en juego la plasticidad neuronal.
Pero esto debe convertirse en un hábito. Durante un taller de formación, tu cerebro genera millones de conexiones vinculadas al aprendizaje; el problema es que, si no practicas lo aprendido, esas conexiones se “desconectan”.
4️⃣ Competencia inconsciente:
Es la última etapa en el desarrollo de cualquier competencia “soft”, en la que lo aprendido ya forma parte del “sistema” de la persona. Es allí donde aparece un gran negociador o un verdadero líder.
Lamentablemente, a nuestra mente le encantan los pensamientos mágicos —el facilismo—, como cuando alguien te pregunta: “¿Qué habilidades van a desarrollar en el taller?”. Y mi respuesta es: ninguna.
En un buen taller se rompen paradigmas, se fomenta la autocrítica, se impulsa a la persona a cerrar puertas y abrir nuevas oportunidades de comportamiento, se comparten herramientas… y todo ello ocurre en un ambiente cargado de endorfinas y dopamina.
Las habilidades las desarrolla el participante después del taller. Ojo: esto es muy distinto en el caso de las habilidades técnicas, donde también se requiere práctica para incorporarlas, pero, al ser competencias neutras que no cuestionan el comportamiento ni la forma de ser, suelen resultar más fáciles de adquirir.