Acceder al crédito puede ser un desafío para las micro y pequeñas empresas en el Perú. Actualmente, operan alrededor de 26 instituciones microfinancieras (IMF), entre cajas municipales y financieras.
Si bien su participación en la cartera crediticia del sistema financiero aún es relativamente menor (14%, según la SBS en 2024), las IMF atienden al 52% de los deudores únicos del sistema. Por ello, siguen siendo un actor clave para la inclusión financiera de microempresas y emprendedores a nivel nacional.
Una de las protagonistas de este rubro en el Perú es Compartamos Banco. La entidad de origen mexicano inició en 1990 como una organización orientada a ofrecer microcréditos para apoyar a pequeños negocios y a poblaciones vulnerables, especialmente mujeres. El éxito del modelo la llevó a convertirse en un actor emergente en las microfinanzas regionales.
Uno de sus hitos se dio en 2011, con la adquisición de Edpyme Crear Arequipa, una microfinanciera peruana conocida por otorgar créditos a pequeños negocios en Lima y el sur del país. Dos años después, la compañía adoptó formalmente el nombre Compartamos Financiera y consolidó su presencia en el sistema financiero peruano.
En la actualidad, cuentan con 126 oficinas en 23 regiones y, a inicios de 2025, la Superintendencia de Banca, Seguros y Administradoras Privadas de Fondos de Pensiones (SBS) autorizó su conversión en banco. Así nació Compartamos Banco, con la capacidad de captar depósitos y ampliar su oferta de servicios financieros.
Pero fue durante sus años como financiera cuando Compartamos logró un impacto desde otra arista: la gestión de personas. Desde 2017, la compañía mantiene una presencia ininterrumpida en el ranking de Great Place to Work, bajo la consigna de “crear valor humano, social y económico”. En la edición 2025, el banco obtuvo el cuarto lugar del listado anual.
Detrás de este reconocimiento está la filosofía de la compañía, representada como una flor de seis pétalos. Cada pétalo simboliza uno de sus elementos y el centro (pistilo) representa al colaborador. Estos incluyen credo, serviazgo (fusión de servicio con liderazgo), propósito, ética, mística y, por último, el modelo FISSEP, un esquema en el que cada letra representa una dimensión del bienestar del colaborador:
- F (familiar): que los empleados estén bien en su vida familiar es fundamental.
- I (intelectual): desarrollo y crecimiento mediante el aprendizaje.
- S (salud y social): se consideran tanto el cuidado de la salud como el vínculo con los demás.
- E (espiritual): conexión personal, reflexión y propósito.
- P (profesional): desarrollo de carrera y empleabilidad.
“Este modelo nos ayuda a diseñar programas con un enfoque claro: bienestar integral. Es amplio, sí, pero ‘mantener viva la flor’ significa justamente sostenerlo con iniciativas concretas en cada dimensión. Además, cada persona puede elegir los programas que mejor se ajusten a su momento de vida, siempre con el fin de fortalecer el equilibrio entre vida personal y laboral”, explica Liliana Hernández, gerente central de Personas, a Sectoriales GDP.
Para promover este balance, Compartamos Banco organiza iniciativas como la “Semana de la familia”, un programa que ofrece espacios de integración y convivencia entre los colaboradores y sus familiares, con el fin de agradecerles por ser el sistema de soporte de los trabajadores.
Durante esta semana, la compañía ofrece una serie de webinars sobre temas vinculados a la familia y organiza un día central en sus oficinas principales.
Asimismo, la cultura organizacional se refuerza a través del “Mes de la filosofía”, un periodo orientado a impulsar el conocimiento y la vivencia de la filosofía de Compartamos. En ese marco, se realizan charlas moderadas por líderes, quienes comparten cómo viven la cultura desde su experiencia.
A este programa se suman las “Cápsulas de filosofía”, una serie de talleres en los que se abordan temas vinculados a la vivencia de la cultura y a la formación humana, dirigidos a todos los colaboradores del banco.
“También promovemos espacios vinculados a la dimensión espiritual, con una mirada respetuosa e inclusiva: son voluntarios y buscan la reflexión y la conexión personal. En general, todas estas actividades forman parte del modelo de desarrollo integral y suelen ser bien valoradas por los colaboradores. Eso sí, siempre recogemos feedback, monitoreamos cada año y, si es necesario, ajustamos los programas según las necesidades de la organización y de las personas. Es parte del corazón de Compartamos”, añade Hernández.
Ante la particularidad de que una empresa promueva activamente espacios de oración, la vocera afirma que Compartamos considera la espiritualidad como un factor clave, porque aporta propósito y significado a la organización.
Si se fortalece esta dimensión, consideran que se promueve un mayor bienestar emocional y, también, un liderazgo más empático y consciente. De allí que el personal de oficinas administrativas también disponga de espacios de reflexión para pausar y tomarse unos minutos al día.
Si bien promueve la tolerancia religiosa, Compartamos cuenta con espacios espirituales para colaboradores católicos, como misas mensuales voluntarias, jornadas y retiros.
“Sabemos que los colaboradores no son ‘solo’ su rol: son personas con problemas, dificultades y responsabilidades. Tener un espacio de conexión y reflexión es muy valioso. Además, nuestros orígenes también están vinculados a una inspiración espiritual. Por eso, para nosotros es relevante cuidarlo y fortalecerlo”, señala Hernández.
Por otro lado, Hernández sostiene que el área de gestión de personas mantiene relaciones estrechas con su par de Finanzas. Este enfoque permite alinear decisiones económicas con indicadores de clima, bienestar y desarrollo de talento.
Se revisan iniciativas y el área de GDP busca que cada programa impacte tanto en el negocio como en la experiencia de los colaboradores. La vocera asegura que esta colaboración se traduce en inversiones en beneficios, programas de salud integral y mejoras en productividad y eficiencia operativa.
Decretar los sueños
Más allá de las charlas motivacionales y los cursos de capacitación, Compartamos impulsa “El sueñómetro”, un programa en el que los colaboradores comparten libremente sus sueños en una de las páginas web del banco. El objetivo inicial es que las personas pongan en palabras sus aspiraciones, porque a veces cuesta incluso nombrarlas.
Los sueños se declaran en tres dimensiones: humana, social y económica, aunque esta última suele quedar al final, porque se entiende como consecuencia de las otras dos. Luego, Compartamos celebra el cumplimiento de los sueños una vez al mes: un colaborador comparte su testimonio sobre cómo lo alcanzó, y eso conecta con el propósito de la empresa. El trabajo cobra sentido porque ayuda a cumplir sueños, empezando desde adentro.
“Recuerdo a una colaboradora que declaró como sueño llevar a su mamá a Cartagena de Indias. Cuando lo contó, estaba muy emocionada; decía que pensó que nunca lo lograría. Compartió su testimonio y un resumen del viaje: fue la primera vez que su mamá se subió a un avión y, además, viajó al extranjero. En otro caso, una colaboradora relató que su sueño era organizar una chocolatada en una comunidad con la que tiene un vínculo cercano. Lo logró con sus amigas y generó un impacto social importante. Ella decía que, más allá de regalos, lo que esos niños pedían era tiempo, un abrazo, presencia. A partir de eso, asumieron el compromiso de ir con más frecuencia e incluso nos invitaron a nosotros a sumarnos”, cuenta Liliana Hernández.
Onboarding y retención
Cuando llega un nuevo colaborador a Compartamos, el proceso de integración suele ser informativo, pero está diseñado para convertirse en una experiencia cultural.
Hernández indica que, desde el primer día, cada persona conoce el propósito, los valores y la forma de trabajar. Se busca conectar su rol con el impacto social que genera la organización.
En paralelo a la inducción, se brinda un acompañamiento cercano de líderes y pares, además de una introducción temprana al modelo FISSEP, orientada a facilitar una integración rápida y alineada con la visión del banco.
“Además, tenemos una ‘visita con sentido’ para nuevos trabajadores: van a las agencias, interactúan con los clientes y conocen la dinámica real del trabajo. Eso genera una conexión muy potente con el propósito”, dice.
En las agencias, el banco ha implementado un calendario en el que se trabaja solo dos sábados al mes. Se trata de una medida orientada a equilibrar la vida personal y laboral, lo que se traduce en mejores índices de clima laboral, mayor eficiencia y menor rotación.