La Seguridad y Salud en el Trabajo (SST) atraviesa una evolución constante en el país. Más allá del cumplimiento normativo, las organizaciones enfrentan nuevos riesgos vinculados al bienestar emocional, la ergonomía digital y la gestión psicosocial. Estas brechas obligan a revisar la madurez de los modelos preventivos y a fortalecer las capacidades técnicas.
“El mercado peruano aún opera bajo una lógica muy reactiva. La premisa siempre ha sido cumplir la norma para evitar sanciones”, explica Alison Loaiza, gerente de Training & Consulting de Adecco, a Sectoriales GDP.
Sin embargo, el cambio en los modelos de trabajo y la presión por resultados están llevando a las empresas a repensar la SST como un factor estratégico, vinculado a la productividad, la gestión de personas y la sostenibilidad.
Del riesgo físico al riesgo emocional
Uno de los principales giros identificados es el desplazamiento del riesgo laboral del plano físico al emocional. El trabajo híbrido y remoto, la digitalización y la presión constante por resultados han incrementado los niveles de estrés, fatiga mental y trastornos musculoesqueléticos.
“Hoy vemos riesgos vinculados al estrés, la fatiga mental y los trastornos musculoesqueléticos, que afectan directamente el desempeño de los colaboradores y, por ende, el rendimiento de las empresas”, señala Loaiza.
A ello se suma una mayor exigencia por parte de casas matrices y clientes en torno a indicadores de bienestar, rotación, ausentismo y clima laboral, y no solo al cumplimiento formal de la normativa.
Riesgos psicosociales: diagnosticados, pero no gestionados
En la práctica, las brechas siguen siendo amplias. Según la vocera de Adecco, los principales riesgos psicosociales que hoy enfrentan las empresas peruanas son la sobrecarga laboral, la falta de desconexión digital, la ambigüedad de roles, liderazgos poco contenedores y la ausencia de reconocimiento.
“La normativa ya exige la evaluación de riesgos psicosociales, pero la mayoría de las empresas aún los gestiona desde una perspectiva muy básica: encuestas y monitoreos sin un plan de intervención posterior ni indicadores de gestión asociados”, advierte.
En ese sentido, considera que el país se encuentra “en una etapa de diagnóstico, pero no de gestión preventiva con una estructura clara”.
Ergonomía digital: más que una buena silla
Otro error frecuente es subestimar los riesgos físicos del trabajo remoto.
“Se asume que el trabajo híbrido o remoto no genera riesgos físicos, cuando en la práctica observamos altos niveles de dolor lumbar, cervical y visual asociados a estaciones de trabajo inadecuadas”, revela Loaiza.
Además, muchas organizaciones trasladan la responsabilidad al colaborador.
“Se entrega una guía, un checklist o una capacitación, pero no se realiza una evaluación real del puesto ni un seguimiento posterior”, sostiene.
Desde su perspectiva, la ergonomía digital no se limita a la postura o al mobiliario, sino que implica diseñar jornadas de trabajo, pausas activas y mapear la carga cognitiva de los equipos, un aspecto que aún está poco incorporado en las políticas internas.